Esta cámara se ve muuuuy chora. Pero primero debo sacarle el jugo a mi Holga 3D.
Lomography Spinner 360
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miércoles, junio 09, 2010
domingo, mayo 16, 2010
Aprovechando Flickr
Embalse el yeso
Originally uploaded by La Vida Irreal
Tengo cuenta en flickr hace tiempo, pero solo la usaba para comentar. Bueno, ahora empezaré a colocar las fotos choras que tome con las LOMOs. Esta es una, tomada con la Smena 8 que me regaló Sol.
La Smena es una cámara rusa fabricada directamente por Lomo (no por Lomography), y hasta donde sé ya no se fabrican y sólo se venden las existencias que quedan.
Es totalmente manual, pero fácil de usar. De hecho estaba pensada para jóvenes, y es tan sencilla que yo sin cachar mucho logré sacar fotos bien bonitas. Esta, eso sí, parece que la sacó Sol... Se puede modificar la apertura, la distancia focal y la velocidad del disparador, incluso pudiendo ponerse en modo en el que el obturador se mantiene abierto mientras se preciona el disparador. Tiene la particularidad que para poder tomar la foto, hay que "cargar" primero el disparador, como si fuera un revólver.
Le falta un flash, pero creo que podré encontrar alguno por ahí. Tiene que ser uno antiguo, o al menos uno que se accione por cable, porque es la única conección que tiene.
Por si se preguntan, sí, estoy muy contento con la cámara. Tengo otra, cuando revele su primer rollo contaré sobre esa, pero puedo partir diciendo que usa película de 120. Y vienen otras leserillas en camino...
Ah, si quieren ver las fotos, dense una vuelta por http://www.flickr.com/photos/ermordung/
lunes, agosto 24, 2009
Entre fiestas y películas
La semana pasada fue bastante agitada, por momentos agotadora, sin embargo lo pasé muy bien.
Partió el Lunes cuando fuimos a tomar algo con Pedro, amigo colombiano de Sol que se quedaría luego en mi casa por la semana, quién había venido al SANFIC (razón, por cierto, de la agitada semana). A pesar de ser lunes, que tengo entendido es bastante muerto, encontramos un buen lugar en Lastarrias, el Berri. Luego para la casa, lo que tomó un poco más de tiempo porque “se me ocurrió” recorrer patronato como a la 1 de la mañana…
El martes la cosa pintaba para más largo, porque era la fiesta de inauguración del festival, pero como era martes y llovía profusamente, supusimos que la fiesta iba a estar medio muerta. Nos equivocamos, estaba llena gracias al poder de la barra abierta, e incluso había su dejo a farándula local, así que nos quedamos harto más de lo que creíamos.
Miércoles a ver Navidad (donde había mucha más farándula local, entre actores, directores y cantantes) y luego en vez de fiesta, a comer algo, lo que permitió acostarse más temprano de lo que esperaba, aunque igual un poco más tarde de lo acostumbrado.
Jueves de espectáculos, fui a ver una película documental de Jem Cohen con música en vivo. La música era buena, la película no, y la única razón por la que no me quedé dormido fue por ciertos codazos que me despertaban de vez en cuando… Igual creo haberme perdido un buen tramo entre pestañazo y pestañazo. Luego tocaba fiesta de nuevo, pero fue intercambiada por ir a comer churrasco con los amigos que habían ido a ver la película. Originalmente la idea era comer y fiesta, pero se alargó un poquito más la cosa y la fiesta se hizo cada vez más lejana (además de que había dejado el auto en la casa). Creo que ese día terminó como a las 3…
El viernes saliendo de la pega fui a la cineteca a ver Jay, una película filipina. Buena, pero el sueño me dio una mala pasada y volví a pegarme unos pestañazos al comienzo, así que me debo haber perdido unos 10 minutos, relevantes, así que quiero verla de nuevo. Lamentablemente no logro encontrar subtítulos… Luego algo de descanso en la casa, para ir después al cine San Agustín, compartir con un par de productoras argentinas y ver el final de su documental “Parador Retiro”. A ellas las volvería a ver en las siguientes fiestas. Después de eso tocaba fiesta que se supone estaría buena porque auspiciaba una marca de Whisky, pero en vez de eso surgió un carrete de casa, así que esa sería la primera (y finalmente última) parada. De la casa de Ana y Luis, los mismos con los que habíamos comido churrasco el día anterior, nos fuimos todos al HBH, de donde nos echaron a las 3, para nosotros proseguir a una fuente de soda X que seguía abierta para comer algo. No creo haber llegado a la casa antes de las 4, y dudo haberme dormido antes de las 5. Gran día, y buen cambio para la fiesta.
Sábado, 8 de la mañana y yo levantándome para ir a una actividad de la oficina. No sé si habrá sido el café o qué, pero la verdad es que no sentí mucho sueño. Tuve suerte y salí temprano, y aproveché de dormir un poco también en la tarde, aunque creo que no mucho, porque también lavé ropa y luego fui al cine a ver una película colombiana, Los Viajes del Viento, que Pedro había dicho que “hay que verla”, pero no que era buena. Se la pueden saltar, si no se es colombiano no creo que haya que verla tanto… Me topé nuevamente con Ana y Luis que también fueron a verla, ellos con un interés especial por ser una película colombiana (cosa que ellos también son, por cierto) y comimos mandarinas mientras veíamos la película. Original yo, que cuando fui al supermercado en la mañana compré una enorme malla de mandarinas y no tengo muy claro que hacer con ellas… De ahí para la casa, y luego como a las 12 para el Santería en Bellavista a la fiesta sabatina. Buena la música! Costó irse, pero pensando en el día siguiente nos retiramos a eso de las 3, sin muchas ganas de hacerlo realmente.
Domingo descanso en la mañana, y en la tarde la idea era ir a la nieve porque iban a proyectar cortos allá. Sin embargo la subida era solo hasta las 2, y el tiempo no daba, así que almorzamos tranquilos en la casa unos ricos tallarines con salsa, que no se pegaron a pesar de no ponerle aceite al agua. Después al mall a comprar regalos para Colombia, casa a dejarlos, y de vuelta al cine con la intención de ver Retrato de un Antipoeta, sobre Nicanor Parra. Lamentablemente se habían agotado las entradas (llegamos muy justos), así que entramos con Pedro a ver Perfidia, película dirigida por un Boliviano, protagonizada por un Chileno (Gonzalo Valenzuela) y “hablada” en inglés. Las comillas van porque tiene muy poco diálogo. Hubiese sido un buen corto, pero duraba más de hora y media, lo que la hacía tremendamente cansadora, y muy buen físico tendrá Gonzalo Valenzuela, pero no es un actor limitado. A todo esto, el tipo pasa toda la película en calzoncillos (con DON product placement a una marca australiana), y todo el rato es reminiscencia de Psicópata Americano, por la obsesividad del personaje con su cuerpo y la música.
Terminando la película esperaba volver a la casa, pero terminamos quedándonos un rato en la fiesta del domingo, que era en el mismo cine Hoyts, así que ni nos movimos del escritorio. Igual fuimos decentes y terminamos temprano, como a las 12, y tomamos chocolate caliente auténtico colombiano. A eso de las 3 Pedro tenía que tomar un taxi para el aeropuerto.
Eso sería todo, si no fuese porque hoy es el último día del SANFIC y por lo tanto queda la fiesta de clausura, a la que estoy partiendo en cerca de una hora. Esperemos vuelva a una hora decente… Si no, tengo harto café y una Red Bull esperando para mañana, y el resto de la semana para descansar.
A pesar de no estar acostumbrado a ese ritmo, lo pasé genial la semana pasada, y no se me ocurre una mejor manera de haberla disfrutado. No continuaría esta semana, pero sí lo repetiría más adelante, cuando recobre fuerza y se vayan las ojeras.
Como extra totalmente nada que ver, una foto muy chora de unas nubes tubulares en Australia.
Partió el Lunes cuando fuimos a tomar algo con Pedro, amigo colombiano de Sol que se quedaría luego en mi casa por la semana, quién había venido al SANFIC (razón, por cierto, de la agitada semana). A pesar de ser lunes, que tengo entendido es bastante muerto, encontramos un buen lugar en Lastarrias, el Berri. Luego para la casa, lo que tomó un poco más de tiempo porque “se me ocurrió” recorrer patronato como a la 1 de la mañana…
El martes la cosa pintaba para más largo, porque era la fiesta de inauguración del festival, pero como era martes y llovía profusamente, supusimos que la fiesta iba a estar medio muerta. Nos equivocamos, estaba llena gracias al poder de la barra abierta, e incluso había su dejo a farándula local, así que nos quedamos harto más de lo que creíamos.
Miércoles a ver Navidad (donde había mucha más farándula local, entre actores, directores y cantantes) y luego en vez de fiesta, a comer algo, lo que permitió acostarse más temprano de lo que esperaba, aunque igual un poco más tarde de lo acostumbrado.
Jueves de espectáculos, fui a ver una película documental de Jem Cohen con música en vivo. La música era buena, la película no, y la única razón por la que no me quedé dormido fue por ciertos codazos que me despertaban de vez en cuando… Igual creo haberme perdido un buen tramo entre pestañazo y pestañazo. Luego tocaba fiesta de nuevo, pero fue intercambiada por ir a comer churrasco con los amigos que habían ido a ver la película. Originalmente la idea era comer y fiesta, pero se alargó un poquito más la cosa y la fiesta se hizo cada vez más lejana (además de que había dejado el auto en la casa). Creo que ese día terminó como a las 3…
El viernes saliendo de la pega fui a la cineteca a ver Jay, una película filipina. Buena, pero el sueño me dio una mala pasada y volví a pegarme unos pestañazos al comienzo, así que me debo haber perdido unos 10 minutos, relevantes, así que quiero verla de nuevo. Lamentablemente no logro encontrar subtítulos… Luego algo de descanso en la casa, para ir después al cine San Agustín, compartir con un par de productoras argentinas y ver el final de su documental “Parador Retiro”. A ellas las volvería a ver en las siguientes fiestas. Después de eso tocaba fiesta que se supone estaría buena porque auspiciaba una marca de Whisky, pero en vez de eso surgió un carrete de casa, así que esa sería la primera (y finalmente última) parada. De la casa de Ana y Luis, los mismos con los que habíamos comido churrasco el día anterior, nos fuimos todos al HBH, de donde nos echaron a las 3, para nosotros proseguir a una fuente de soda X que seguía abierta para comer algo. No creo haber llegado a la casa antes de las 4, y dudo haberme dormido antes de las 5. Gran día, y buen cambio para la fiesta.
Sábado, 8 de la mañana y yo levantándome para ir a una actividad de la oficina. No sé si habrá sido el café o qué, pero la verdad es que no sentí mucho sueño. Tuve suerte y salí temprano, y aproveché de dormir un poco también en la tarde, aunque creo que no mucho, porque también lavé ropa y luego fui al cine a ver una película colombiana, Los Viajes del Viento, que Pedro había dicho que “hay que verla”, pero no que era buena. Se la pueden saltar, si no se es colombiano no creo que haya que verla tanto… Me topé nuevamente con Ana y Luis que también fueron a verla, ellos con un interés especial por ser una película colombiana (cosa que ellos también son, por cierto) y comimos mandarinas mientras veíamos la película. Original yo, que cuando fui al supermercado en la mañana compré una enorme malla de mandarinas y no tengo muy claro que hacer con ellas… De ahí para la casa, y luego como a las 12 para el Santería en Bellavista a la fiesta sabatina. Buena la música! Costó irse, pero pensando en el día siguiente nos retiramos a eso de las 3, sin muchas ganas de hacerlo realmente.
Domingo descanso en la mañana, y en la tarde la idea era ir a la nieve porque iban a proyectar cortos allá. Sin embargo la subida era solo hasta las 2, y el tiempo no daba, así que almorzamos tranquilos en la casa unos ricos tallarines con salsa, que no se pegaron a pesar de no ponerle aceite al agua. Después al mall a comprar regalos para Colombia, casa a dejarlos, y de vuelta al cine con la intención de ver Retrato de un Antipoeta, sobre Nicanor Parra. Lamentablemente se habían agotado las entradas (llegamos muy justos), así que entramos con Pedro a ver Perfidia, película dirigida por un Boliviano, protagonizada por un Chileno (Gonzalo Valenzuela) y “hablada” en inglés. Las comillas van porque tiene muy poco diálogo. Hubiese sido un buen corto, pero duraba más de hora y media, lo que la hacía tremendamente cansadora, y muy buen físico tendrá Gonzalo Valenzuela, pero no es un actor limitado. A todo esto, el tipo pasa toda la película en calzoncillos (con DON product placement a una marca australiana), y todo el rato es reminiscencia de Psicópata Americano, por la obsesividad del personaje con su cuerpo y la música.
Terminando la película esperaba volver a la casa, pero terminamos quedándonos un rato en la fiesta del domingo, que era en el mismo cine Hoyts, así que ni nos movimos del escritorio. Igual fuimos decentes y terminamos temprano, como a las 12, y tomamos chocolate caliente auténtico colombiano. A eso de las 3 Pedro tenía que tomar un taxi para el aeropuerto.
Eso sería todo, si no fuese porque hoy es el último día del SANFIC y por lo tanto queda la fiesta de clausura, a la que estoy partiendo en cerca de una hora. Esperemos vuelva a una hora decente… Si no, tengo harto café y una Red Bull esperando para mañana, y el resto de la semana para descansar.
A pesar de no estar acostumbrado a ese ritmo, lo pasé genial la semana pasada, y no se me ocurre una mejor manera de haberla disfrutado. No continuaría esta semana, pero sí lo repetiría más adelante, cuando recobre fuerza y se vayan las ojeras.
Como extra totalmente nada que ver, una foto muy chora de unas nubes tubulares en Australia.
jueves, julio 30, 2009
Cumpleaños I
Este es corto, solo pongo las fotos. Gracias por venir, espero que lo hayan pasado bien, yo seguro que lo hice.
http://picasaweb.google.es/ermordung/CumpleanosRodolfoSantiago#
http://picasaweb.google.es/ermordung/CumpleanosRodolfoSantiago#
Viaje a Argentina, Parte 2
Nos encontrábamos en la aduana, sin poder continuar a Argentina. La opción era quedarse dando vueltas por el sector, conocer Chañaral, Pan de Azucar y esas cosas, o aperrar y subir hasta San Pedro de Atacama para cruzar por Jama, suponiendo que estuviese abierto. Adivinen que elegimos... Igual antes le preguntamos al carabinero de ahí si estaba abierto el otro paso...
Continuamos entonces el camino, bajando por el norte hacia Chañaral. El camino estaba mucho mejor, más amplio y despejado de nieve. La vista era espectacular, con 3 volcanes cercanos y montones de cerros nevados rodeándonos, además de pasar por un salar enorme, aunque no se distinguía muy bien entre tanta nieve. Por ahí paramos a tomarnos una sopa y una foto, y Carola hizo angelitos de nieve.

Como a las 6 ó 7 llegamos a Chañaral, donde pasamos a ducharnos y a comer. Por 2 lucas teníamos un “almuerzo” que incluía cazuela de vacuno de entrada, y un plato de fondo bien contundente. Eso es comida barata!
A la salida hicimos cambio de conductor, y continuamos. Creo que dormí bastante bien, y me desperté cuando echamos bencina y luego cuando llegamos a las salitreras. Carola se fue “sola” todo ese rato, creo, tiene una constitución para manejar increíble, más aún considerando que la semana pasada había estado en lo mismo.
Las Salitreras de noche son tétricas, especialmente cuando uno se encuentra con una muñeca sentada en un sofá mirándonos fijamente. Las chicas no se sintieron cómodas tomando café ahí, así que seguimos a la salitrera siguiente, en donde si tomamos fotos (las que, obviamente, no están en mi cámara así que no puedo poner acá todavía).
La siguiente parada fue Calama, en donde hace más frío que la retutatutata de noche. Me congelé esperando usar el baño, y creo que uno sentía más frío porque no tenía la apariencia de hacerlo. De más que en el paso San Francisco o después en Jama hizo más frío, pero al ver nieve uno asume eso y no se siente tanto.
Pasamos al casino de Calama, el cual se veía sumamente chabacano y con pinta de cabaret por fuera, pero no entramos porque nos cobraban. Dado el traspié, nos fuimos directo a San Pedro de Atacama. Tratamos de dormir en el camino, en las paradas de camioneros, pero el sueño no acompañaba mucho y decidimos llegar al pueblo no más. Ah, ahí nos quedamos varados porque había mucha arena, pero con un pequeño empujoncito el auto salió solo. Estaba un poco cansado, nada más…
En San Pedro recorrimos a pie el pueblo, acompañados por distintos perros. Se veía bien bonito, es choro que hayan mantenido el estilo. Luego dimos una vuelta alrededor en auto y Carola mostró donde se supone que estaba el Valle de la Luna. De noche no se veía nada… Creo que hay que armar un paseo para allá exclusivamente, no sé si en auto, pero hay que ir en algún minuto. De repente armarme unas vacaciones completas al norte más adelante, por una semana, llegando a Iquique y Arica también. Claro que ya no sé ni cuando, me faltan días de vacaciones para todo lo que quiero hacer.
Después fuimos directamente a la Aduana, donde solo estaban dejando pasar camiones (los autos tenían que esperar hasta las 9), así que nos estacionamos en la cola y nos pusimos a dormir un par de horas. Cuando desperté a eso de las 8, noté que Carola estaba hecha un ovillo en el asiento del conductor, dudo que haya podido descansar (aunque haya dormido). El asiento del conductor es una mierda para dormir...
Resulta que (vaya, flashback a Papelucho) el paso Jama no estaba abierto como había dicho el tipo del otro paso el día anterior, pero el rumor era que lo iban a abrir a eso de las 10. Esperamos escuchando a un para de tipos tenían la música a todo chancho, con las puertas abiertas, y que bailaban al son de música tropical argentina. Eran claramente chilenos…
A eso de las 10:30 no dejaron avanzar, y luego de una travesía por un paso en buen estado pero con sectores con algo de hielo, llegamos a Argentina.

Me salto el trámite de la aduana, pero comento que mientras hacía fila escuché a un par de tipos conversando sobre lo bonita que era la Ruta 9 entre Jujuy y Salta, que era más corta pero más complicada que el camino oficial entre ambas ciudades (que era doble vía y sin cuesta), y en mi nuevo yo social metí la cuchara y pedí más datos, porque el viaje consistía en buscar cosas choras y bonitas, además que había una buena posibilidad que fuera la cuesta perdida de Carola, causal indirecta del destino del viaje.
La primera localidad pasada la Aduana Argentina (llamada Susques) era tal cual las salitreras, pero habitada por Argentinos que parecían bolivianos. Les llega a llover en ese “pueblo” y las casas se deshacen, probablemente. Después vino Purmamarca, más armadita y bonita, al parecer turística, pues estaba el cerro de los 7 colores, donde nos tomamos una foto (de nuevo, no con mi cámara) los 3. Hace muchos años Carola, la niña de los cerros, salió en un viaje en busca del cerro de los 7 colores por toda Argentina, para descubrir que estaba justo donde había comenzado el viaje. En todo caso aprendió mucho en el camino, y cambió la vida de las personas con las que se topó con sus ejemplos de… turismo.

Luego llegamos a Jujuy, donde recorrimos un poco y encontramos, aún no sé como, una casa de cambio abierta. También un cajero automático (lo que costó más, les digo, es ridículo) necesario para comprar algunos libros y un excelente mapa de Argentina que quedará para los siguientes viajes. El dueño de la librería, tremendamente simpático, nos confirmó lo de la Ruta 9 y que muy probablemente era la que Carola recordaba, y además nos regaló un mapa rutero extra de Argentina que ahora adorna la puerta de la pieza chica del depto. Nota mental: comprar hilo o lana para marcar los recorridos. Después pasamos al supermercado y compramos lo necesario para armarnos un “pequeño” picnic en el camino, que vino bastante bien para matar el hambre acumulada.
Antes de salir, volvimos a pedir ayuda para ir a la Ruta 9, y unos camioneros ultra buena onda trataron de disuadirnos de usar ese camino, que el otro era mucho mejor y más rápido, pero al final comprendieron que andábamos turisteando y en busca de esa cuesta, así que nos dieron las indicaciones. También nos pararon los pacos antes de llegar a la cuesta, creo que la única vez que nos pararon, y volvieron a insistir en que no era el mejor camino para hacer de noche, pero nos desearon suerte y nos dijeron que anduviéramos con cuidado, pues de noche salían animales silvestres.
Mientras avanzábamos nos comimos parte del cocaví, y finalmente llegamos al camino que buscábamos, y que resultó ser el mismo que Carola recordaba, claro que sin las mariposas volando por todos lados, y probablemente de día debe haberse visto mucho más choro. Sin embargo se alcanzaba a apreciar la belleza del lugar, una cuesta que por un lado tenía un desfiladero lleno de árboles, y uno no alcanzaba a ver de donde salían. Habían líanas colgando y todo, bien boscoso y selvático. A falta de mariposas nos acompañaron algunas polillas. Animales salvajes no encontramos ninguno, eso sí.

Después de la cuesta paramos a comer palmitos, y luego seguimos hasta Salta, donde fuimos a carretear a un pub-disco. Escuché música que probablemente no vuelva a escuchar en ningún otro lado, porque parecía de círculos super específicos. Algunas letras eran ridículas… Pero lo pasamos bien. El happy hour era hasta las 2:30, y como a las 2:15 empezó a llegar harta gente. Creo que nos quedamos como hasta las 4, 4:30. Ahí probé vino blanco con speed (la bebida energética) que me convidó una argentina, y no estaba mal.
Al salir decidimos continuar el viaje hacia Santiago del Estero, que no quedaba muy cerca, así que habría que manejar y no descansar, a pesar que nos estaba empezando a dar sueño. Igual íbamos bien equipados para eso. Pero antes, pasamos a lavar el auto. Sí, había lavado de autos abierto las 24 horas. Mientras esperábamos nos tomamos una sopa reponedora, y justo afuera del lavado se paró una cabra totalmente wasted al parecer esperando un taxi. Se subió y bajó como a 3, y se veía muy rara. Ni idea como llegó a ese estado, pero me llamó la atención porque parecía de 15 o menos y andaba sola. Supongo que salta será tranquilo…
Ok, el resto queda para el siguiente informativo.
Continuamos entonces el camino, bajando por el norte hacia Chañaral. El camino estaba mucho mejor, más amplio y despejado de nieve. La vista era espectacular, con 3 volcanes cercanos y montones de cerros nevados rodeándonos, además de pasar por un salar enorme, aunque no se distinguía muy bien entre tanta nieve. Por ahí paramos a tomarnos una sopa y una foto, y Carola hizo angelitos de nieve.
Como a las 6 ó 7 llegamos a Chañaral, donde pasamos a ducharnos y a comer. Por 2 lucas teníamos un “almuerzo” que incluía cazuela de vacuno de entrada, y un plato de fondo bien contundente. Eso es comida barata!
A la salida hicimos cambio de conductor, y continuamos. Creo que dormí bastante bien, y me desperté cuando echamos bencina y luego cuando llegamos a las salitreras. Carola se fue “sola” todo ese rato, creo, tiene una constitución para manejar increíble, más aún considerando que la semana pasada había estado en lo mismo.
Las Salitreras de noche son tétricas, especialmente cuando uno se encuentra con una muñeca sentada en un sofá mirándonos fijamente. Las chicas no se sintieron cómodas tomando café ahí, así que seguimos a la salitrera siguiente, en donde si tomamos fotos (las que, obviamente, no están en mi cámara así que no puedo poner acá todavía).
La siguiente parada fue Calama, en donde hace más frío que la retutatutata de noche. Me congelé esperando usar el baño, y creo que uno sentía más frío porque no tenía la apariencia de hacerlo. De más que en el paso San Francisco o después en Jama hizo más frío, pero al ver nieve uno asume eso y no se siente tanto.
Pasamos al casino de Calama, el cual se veía sumamente chabacano y con pinta de cabaret por fuera, pero no entramos porque nos cobraban. Dado el traspié, nos fuimos directo a San Pedro de Atacama. Tratamos de dormir en el camino, en las paradas de camioneros, pero el sueño no acompañaba mucho y decidimos llegar al pueblo no más. Ah, ahí nos quedamos varados porque había mucha arena, pero con un pequeño empujoncito el auto salió solo. Estaba un poco cansado, nada más…
En San Pedro recorrimos a pie el pueblo, acompañados por distintos perros. Se veía bien bonito, es choro que hayan mantenido el estilo. Luego dimos una vuelta alrededor en auto y Carola mostró donde se supone que estaba el Valle de la Luna. De noche no se veía nada… Creo que hay que armar un paseo para allá exclusivamente, no sé si en auto, pero hay que ir en algún minuto. De repente armarme unas vacaciones completas al norte más adelante, por una semana, llegando a Iquique y Arica también. Claro que ya no sé ni cuando, me faltan días de vacaciones para todo lo que quiero hacer.
Después fuimos directamente a la Aduana, donde solo estaban dejando pasar camiones (los autos tenían que esperar hasta las 9), así que nos estacionamos en la cola y nos pusimos a dormir un par de horas. Cuando desperté a eso de las 8, noté que Carola estaba hecha un ovillo en el asiento del conductor, dudo que haya podido descansar (aunque haya dormido). El asiento del conductor es una mierda para dormir...
Resulta que (vaya, flashback a Papelucho) el paso Jama no estaba abierto como había dicho el tipo del otro paso el día anterior, pero el rumor era que lo iban a abrir a eso de las 10. Esperamos escuchando a un para de tipos tenían la música a todo chancho, con las puertas abiertas, y que bailaban al son de música tropical argentina. Eran claramente chilenos…
A eso de las 10:30 no dejaron avanzar, y luego de una travesía por un paso en buen estado pero con sectores con algo de hielo, llegamos a Argentina.
Me salto el trámite de la aduana, pero comento que mientras hacía fila escuché a un par de tipos conversando sobre lo bonita que era la Ruta 9 entre Jujuy y Salta, que era más corta pero más complicada que el camino oficial entre ambas ciudades (que era doble vía y sin cuesta), y en mi nuevo yo social metí la cuchara y pedí más datos, porque el viaje consistía en buscar cosas choras y bonitas, además que había una buena posibilidad que fuera la cuesta perdida de Carola, causal indirecta del destino del viaje.
La primera localidad pasada la Aduana Argentina (llamada Susques) era tal cual las salitreras, pero habitada por Argentinos que parecían bolivianos. Les llega a llover en ese “pueblo” y las casas se deshacen, probablemente. Después vino Purmamarca, más armadita y bonita, al parecer turística, pues estaba el cerro de los 7 colores, donde nos tomamos una foto (de nuevo, no con mi cámara) los 3. Hace muchos años Carola, la niña de los cerros, salió en un viaje en busca del cerro de los 7 colores por toda Argentina, para descubrir que estaba justo donde había comenzado el viaje. En todo caso aprendió mucho en el camino, y cambió la vida de las personas con las que se topó con sus ejemplos de… turismo.
Luego llegamos a Jujuy, donde recorrimos un poco y encontramos, aún no sé como, una casa de cambio abierta. También un cajero automático (lo que costó más, les digo, es ridículo) necesario para comprar algunos libros y un excelente mapa de Argentina que quedará para los siguientes viajes. El dueño de la librería, tremendamente simpático, nos confirmó lo de la Ruta 9 y que muy probablemente era la que Carola recordaba, y además nos regaló un mapa rutero extra de Argentina que ahora adorna la puerta de la pieza chica del depto. Nota mental: comprar hilo o lana para marcar los recorridos. Después pasamos al supermercado y compramos lo necesario para armarnos un “pequeño” picnic en el camino, que vino bastante bien para matar el hambre acumulada.
Antes de salir, volvimos a pedir ayuda para ir a la Ruta 9, y unos camioneros ultra buena onda trataron de disuadirnos de usar ese camino, que el otro era mucho mejor y más rápido, pero al final comprendieron que andábamos turisteando y en busca de esa cuesta, así que nos dieron las indicaciones. También nos pararon los pacos antes de llegar a la cuesta, creo que la única vez que nos pararon, y volvieron a insistir en que no era el mejor camino para hacer de noche, pero nos desearon suerte y nos dijeron que anduviéramos con cuidado, pues de noche salían animales silvestres.
Mientras avanzábamos nos comimos parte del cocaví, y finalmente llegamos al camino que buscábamos, y que resultó ser el mismo que Carola recordaba, claro que sin las mariposas volando por todos lados, y probablemente de día debe haberse visto mucho más choro. Sin embargo se alcanzaba a apreciar la belleza del lugar, una cuesta que por un lado tenía un desfiladero lleno de árboles, y uno no alcanzaba a ver de donde salían. Habían líanas colgando y todo, bien boscoso y selvático. A falta de mariposas nos acompañaron algunas polillas. Animales salvajes no encontramos ninguno, eso sí.

Después de la cuesta paramos a comer palmitos, y luego seguimos hasta Salta, donde fuimos a carretear a un pub-disco. Escuché música que probablemente no vuelva a escuchar en ningún otro lado, porque parecía de círculos super específicos. Algunas letras eran ridículas… Pero lo pasamos bien. El happy hour era hasta las 2:30, y como a las 2:15 empezó a llegar harta gente. Creo que nos quedamos como hasta las 4, 4:30. Ahí probé vino blanco con speed (la bebida energética) que me convidó una argentina, y no estaba mal.
Al salir decidimos continuar el viaje hacia Santiago del Estero, que no quedaba muy cerca, así que habría que manejar y no descansar, a pesar que nos estaba empezando a dar sueño. Igual íbamos bien equipados para eso. Pero antes, pasamos a lavar el auto. Sí, había lavado de autos abierto las 24 horas. Mientras esperábamos nos tomamos una sopa reponedora, y justo afuera del lavado se paró una cabra totalmente wasted al parecer esperando un taxi. Se subió y bajó como a 3, y se veía muy rara. Ni idea como llegó a ese estado, pero me llamó la atención porque parecía de 15 o menos y andaba sola. Supongo que salta será tranquilo…
Ok, el resto queda para el siguiente informativo.
lunes, junio 29, 2009
Y sin embargo se mueve
Ese no era el plan original. Hace dos semanas Rodolfo había propuesto salir a recorrer entre todos, aprovechando el fin de semana largo, pero los demás no parecían interesados. Sí prendieron con la idea de arrendar una cabaña por dos días y disfrutar ese tiempo juntos, haciendo asados, conversando, jugando, dando jugo. A Rodolfo también le pareció una buena idea, y además pensó que podría recorrer los lugares cercanos en los tiempos muertos, y usar el último día, el Lunes, para ir a donde le faltara, y visitar la casa de Neruda en Isla Negra.
Pasó una semana sin novedades, y Rodolfo empezó a mover los hilos a falta de otra persona que lo hiciera. Las mejores ofertas ya habían pasado, siendo fin de semana largo fueron tomadas rápidamente, pero siendo miércoles logró conseguir un buen lugar a un precio adecuado. Llamó al resto, pero los ánimos parecían haber disminuido. Para el viernes en la mañana, y por distintas razones, ya era claro que el plan original no se llevaría a cabo.
Viernes, 5:30 de la tarde, tiempo de nuevos planes. O de disfrutar sin plan alguno. Rodolfo llega a su casa, decide terminar de ver la película que había comenzado hace ya una semana, Érase una vez en el Oeste. Peliculón, con tremendas actuaciones, piensa. Lástima que el director sólo hiciese 6 películas, sin embargo es lo suficiente como para dedicarle un podcast pronto.
20:30, buena hora para ver si tendrá algo más que hacer en la noche, o ponerse a pensar en la próxima película para cuando acabe la de Leone. Toma el teléfono, revisa su correo en busca de un número. “Sé que lo vi en un mail” piensa mientras salta de un mensaje a otro. Finalmente lo encuentra, y marca. “¿Hablo con Coté Santana, la escultora?”. Al otro lado de la línea parecen no escuchar, o no comprender. Finalmente el entendimiento llega, y quedan de ir a tomar algo. Así, con una gran noche de viernes, comienza otra buen fin de semana. Había un tema en común, un motivo que justificaba el encuentro, sin embargo prácticamente no se toca, salvo por un parecido producto de la oscuridad y la mala memoria. Un par de cervezas, un par de historias, un par de viajes y un par de obras, para finalmente quedar de conversar pronto, y de ir a tomar vino navegado en otra ocasión.
Sábado, un llamado despierta a Rodolfo. Es su hermana, quién está medio enferma, y le solicita, si puede, llevar a su sobrina a fútbol. Rodolfo mira la hora, y se disculpa. No alcanzaría a hacerlo, pues pretende salir relativamente temprano al litoral central, para aprovechar el día. En la noche se enteraría que su hermana había empeorado, y que sus padres habrían de viajar de Viña a Santiago para cuidarla.
No muchos minutos más tarde, llama Marisa, quién había manifestado intención de participar del paseo. Malas noticias, hubo un problema con su madre, y Marisa no sabe si podrá ir. Quedan de conversar hacia las 2. Rodolfo se levanta y prepara su maleta pensando un viaje de una persona: libros, notebook cargado con películas, series y comics, un mapa estelar por si el cielo está despejado y un par de cosillas más. “Un nuevo viaje solo no andaría mal para ordenar algunas cosas” cavila mientras hace su maleta, y no puede evitar lamentar no disponer en ese momento del bolso del tamaño adecuado para un viaje tan corto, por tenerlo prestado. Recuerda los comentarios de un par de amigos que le indican que lo de por perdido y lo olvide, pero sigue encontrando ese pensamiento poco racional, además que la necesidad de querer creer en la honestidad intrínseca de las personas le impide simplemente dejarlo estar. A veces, esa honestidad intrínseca requiere un empujoncito.
Luego de almorzar, toma su teléfono para llamar a Marisa. No alcanza a marcar, cuando éste suena. Es ella, quien avisa que podrá ir, pero un poco más tarde. Rodolfo accede, a pesar de no molestarle un viaje solo, piensa que puede disfrutar más uno acompañado. A las 5 en punto están partiendo con primer destino Quintay. “Podría haber llevado a mi sobrina al futbol”, piensa mientras maneja.
Cuando llegaron a Quintay, había un viento increíble, síntoma de probable temporal, lo que los locales confirmaron. Tomaron un café en un lugar cercano a la playa mientras Rodolfo revisaba un mapa que le facilitó la dueña del lugar. La lluvia comenzó en ese momento. Antes de irse, Rodolfo trató infructuosamente de comprar el mapa a la dueña, pues en una sola guía estaba Chile y Argentina.
No habían pasado ni 5 minutos en el auto cuando la lluvia comenzó a caer realmente fuerte, amenazando con que el cielo caería sobre sus cabezas. El viendo no amainaba, y desde el auto, Rodolfo sentía como el saber que era un punto de fuga le ayudaba a explicar la percepción de cómo se veía en ese minuto venir la lluvia hacia ellos. Desde ese minuto, la lluvia se convertiría en el tercer compañero de viaje.
Luego de Quintay, con lluvia y oscuridad total, partieron a Algarrobo, balneario que parecía robarle mucho a Reñaca. Después de preguntar en diversos lados, optaron por quedarse en una cabaña a las afueras del pueblo, la que estaba junto a un pub inaugurado hace muy poco, lo que les daba algo fácil para hacer en la noche de lluvia.
En el bar había una ecléctica banda de Blues, con un anciano gringo de vocalista y guitarrista principal, un ciego en el bajo, un baterista que parecía ex militar, y un par personajes más. La banda era, increíblemente, muy buena. Mientras escuchaban cada uno tomó una copa de vino, lo que llevó a que Marisa terminara ebria y hablando a un volumen mayor al socialmente aceptable. En uno de los interludios de la banda, el anciano pasó cerca de los viajeros, lanzando un casual “Having fun?”. Rodolfo respondió con un sencillo “Yeah”, a lo que el cantante replicó “Oh, you speak english”, lo que derivó en una conversación en la que se enteraron que él era de Louisiana, que había trabajado como taxista en New York, que había llegado a Chile por un compañero que trabajaba para Jaques Custeau y que se había casado con una gitana chilena porque hablaba su mismo idioma, entre otras cosas, mientras Rodolfo se sorprendía de cómo con un simple “Yeah” el viejo hubiese rápidamente sacado la conclusión de que él hablaba inglés.
Al día siguiente recorrieron Algarrobo a pie, escapando rápidamente al auto cuando la lluvia comenzó a caer. De ahí siguieron a Quintay, hermoso pueblo con muy bonitas playas, y la lluvia hizo una pausa para que pudieran bajarse, tomar algunas fotos y disfrutar el paisaje. Luego vino Punta de Tralca, lugar plagado de letreros con extraños mensajes, cortesía de la primera junta de vecinos.
Isla Negra fue la siguiente parada, donde estaba el único punto de visita obligatoria en el itinerario de Rodolfo, la casa del poeta. No bien entraron aun restaurante a comer, la lluvia arreció nuevamente. El lugar elegido para comer era más que solo un restaurante, parecía casi un club social, donde los habituales podían sentarse a conversar con los dueños mientras tomaban un coñac. La vista, además, era increíble. Mientras almorzaban, cavilaban que la mayor fuente de ingresos de esa localidad debían ser los estacionamientos y restaurantes.
Habiendo terminado de comer, se dirigieron a la casa de Neruda, para lo cual el tercer compañero de viaje interrumpió su diluvio, el cual continuó e intensificó no bien los viajeros habían llegado al resguardo del museo. Los turistas que ahí estaban se mostraban sorprendidos y atemorizados por lo fuerte de la lluvia, pero Rodolfo no se preocupaba demasiado, sabía que pararía a tiempo, y así fue, pues para cuando tenían que recorrer la casa por fuera, ni rastros había de la lluvia.
Volvieron al auto, y una vez en camino comenzó nuevamente a llover. Entraron por un camino no muy bien indicado en el mapa a la Laguna el Peral, en donde se quedaron más tiempo del esperado, pues entre la lluvia y la oscuridad no lograban encontrar la salida. Una vez en la carretera, se dirigieron a Cartagena, con Marisa comentando que estaba bien que existiera un lugar así, “para que los rotos puedan veranear, y mejor todos juntos en un lugar que dispersos”. En este lugar no costaría encontrar lugar donde dormir, pues está lleno de hoteles y residenciales, y de hecho se quedaron en el primer lugar que encontraron, el cual costaba la mitad del de Algarrobo, y era del mismo nivel, y con vista al mar. Luego de dejar sus cosas en la habitación y el auto a resguardo, salieron a caminar por el borde costero, aprovechando que la lluvia había cedido nuevamente un espacio, y Rodolfo aprovechó de comer unas papas fritas a precio de Cartagena, pese al temor de Marisa del dolor de estómago que podrían producir.
De vuelta en la habitación, vieron una película en el notebook, y se acostaron para estar prestos al día siguiente.
El día Lunes se dirigieron a San Antonio, Lloleo y Santo Domingo, para luego llegar almorzar a Pomaire, donde cada uno compró una planta y Rodolfo encontró un par de compañeros de universidad.
De vuelta en su casa, Rodolfo vio “Se Arrienda”, de Alberto Fuguet, en preparación para el último día de “Desde el Plató”, que se desarrollará el martes. A pesar de no encontrarla una gran película, la disfrutó, y sintió que al menos mejoraba mientras avanzaba. Sí notó que los diálogos sonaban forzados, que algunos actores no daban la talla (o el papel) y que era todo bastante cliché y lugar común. Aprovechó también de escribir del viaje y subir las fotos para mostrarlas a los amigos, y pensó que quizás podría grabar un podcast antes de acostarse, pero mientras escribía notaba que no tenía el ánimo suficiente, y que sería mejor hacerse un minuto al día siguiente antes de acostarse.
Mientras terminaba de escribir, conversaba con algunos amigos por MSN, y pensaba que, a pesar de no haber seguido el plan original, había sido un gran fin de semana.
Fotos del Litoral Central
Pasó una semana sin novedades, y Rodolfo empezó a mover los hilos a falta de otra persona que lo hiciera. Las mejores ofertas ya habían pasado, siendo fin de semana largo fueron tomadas rápidamente, pero siendo miércoles logró conseguir un buen lugar a un precio adecuado. Llamó al resto, pero los ánimos parecían haber disminuido. Para el viernes en la mañana, y por distintas razones, ya era claro que el plan original no se llevaría a cabo.
Viernes, 5:30 de la tarde, tiempo de nuevos planes. O de disfrutar sin plan alguno. Rodolfo llega a su casa, decide terminar de ver la película que había comenzado hace ya una semana, Érase una vez en el Oeste. Peliculón, con tremendas actuaciones, piensa. Lástima que el director sólo hiciese 6 películas, sin embargo es lo suficiente como para dedicarle un podcast pronto.
20:30, buena hora para ver si tendrá algo más que hacer en la noche, o ponerse a pensar en la próxima película para cuando acabe la de Leone. Toma el teléfono, revisa su correo en busca de un número. “Sé que lo vi en un mail” piensa mientras salta de un mensaje a otro. Finalmente lo encuentra, y marca. “¿Hablo con Coté Santana, la escultora?”. Al otro lado de la línea parecen no escuchar, o no comprender. Finalmente el entendimiento llega, y quedan de ir a tomar algo. Así, con una gran noche de viernes, comienza otra buen fin de semana. Había un tema en común, un motivo que justificaba el encuentro, sin embargo prácticamente no se toca, salvo por un parecido producto de la oscuridad y la mala memoria. Un par de cervezas, un par de historias, un par de viajes y un par de obras, para finalmente quedar de conversar pronto, y de ir a tomar vino navegado en otra ocasión.
Sábado, un llamado despierta a Rodolfo. Es su hermana, quién está medio enferma, y le solicita, si puede, llevar a su sobrina a fútbol. Rodolfo mira la hora, y se disculpa. No alcanzaría a hacerlo, pues pretende salir relativamente temprano al litoral central, para aprovechar el día. En la noche se enteraría que su hermana había empeorado, y que sus padres habrían de viajar de Viña a Santiago para cuidarla.
No muchos minutos más tarde, llama Marisa, quién había manifestado intención de participar del paseo. Malas noticias, hubo un problema con su madre, y Marisa no sabe si podrá ir. Quedan de conversar hacia las 2. Rodolfo se levanta y prepara su maleta pensando un viaje de una persona: libros, notebook cargado con películas, series y comics, un mapa estelar por si el cielo está despejado y un par de cosillas más. “Un nuevo viaje solo no andaría mal para ordenar algunas cosas” cavila mientras hace su maleta, y no puede evitar lamentar no disponer en ese momento del bolso del tamaño adecuado para un viaje tan corto, por tenerlo prestado. Recuerda los comentarios de un par de amigos que le indican que lo de por perdido y lo olvide, pero sigue encontrando ese pensamiento poco racional, además que la necesidad de querer creer en la honestidad intrínseca de las personas le impide simplemente dejarlo estar. A veces, esa honestidad intrínseca requiere un empujoncito.
Luego de almorzar, toma su teléfono para llamar a Marisa. No alcanza a marcar, cuando éste suena. Es ella, quien avisa que podrá ir, pero un poco más tarde. Rodolfo accede, a pesar de no molestarle un viaje solo, piensa que puede disfrutar más uno acompañado. A las 5 en punto están partiendo con primer destino Quintay. “Podría haber llevado a mi sobrina al futbol”, piensa mientras maneja.
Cuando llegaron a Quintay, había un viento increíble, síntoma de probable temporal, lo que los locales confirmaron. Tomaron un café en un lugar cercano a la playa mientras Rodolfo revisaba un mapa que le facilitó la dueña del lugar. La lluvia comenzó en ese momento. Antes de irse, Rodolfo trató infructuosamente de comprar el mapa a la dueña, pues en una sola guía estaba Chile y Argentina.
No habían pasado ni 5 minutos en el auto cuando la lluvia comenzó a caer realmente fuerte, amenazando con que el cielo caería sobre sus cabezas. El viendo no amainaba, y desde el auto, Rodolfo sentía como el saber que era un punto de fuga le ayudaba a explicar la percepción de cómo se veía en ese minuto venir la lluvia hacia ellos. Desde ese minuto, la lluvia se convertiría en el tercer compañero de viaje.
Luego de Quintay, con lluvia y oscuridad total, partieron a Algarrobo, balneario que parecía robarle mucho a Reñaca. Después de preguntar en diversos lados, optaron por quedarse en una cabaña a las afueras del pueblo, la que estaba junto a un pub inaugurado hace muy poco, lo que les daba algo fácil para hacer en la noche de lluvia.
En el bar había una ecléctica banda de Blues, con un anciano gringo de vocalista y guitarrista principal, un ciego en el bajo, un baterista que parecía ex militar, y un par personajes más. La banda era, increíblemente, muy buena. Mientras escuchaban cada uno tomó una copa de vino, lo que llevó a que Marisa terminara ebria y hablando a un volumen mayor al socialmente aceptable. En uno de los interludios de la banda, el anciano pasó cerca de los viajeros, lanzando un casual “Having fun?”. Rodolfo respondió con un sencillo “Yeah”, a lo que el cantante replicó “Oh, you speak english”, lo que derivó en una conversación en la que se enteraron que él era de Louisiana, que había trabajado como taxista en New York, que había llegado a Chile por un compañero que trabajaba para Jaques Custeau y que se había casado con una gitana chilena porque hablaba su mismo idioma, entre otras cosas, mientras Rodolfo se sorprendía de cómo con un simple “Yeah” el viejo hubiese rápidamente sacado la conclusión de que él hablaba inglés.
Al día siguiente recorrieron Algarrobo a pie, escapando rápidamente al auto cuando la lluvia comenzó a caer. De ahí siguieron a Quintay, hermoso pueblo con muy bonitas playas, y la lluvia hizo una pausa para que pudieran bajarse, tomar algunas fotos y disfrutar el paisaje. Luego vino Punta de Tralca, lugar plagado de letreros con extraños mensajes, cortesía de la primera junta de vecinos.
Isla Negra fue la siguiente parada, donde estaba el único punto de visita obligatoria en el itinerario de Rodolfo, la casa del poeta. No bien entraron aun restaurante a comer, la lluvia arreció nuevamente. El lugar elegido para comer era más que solo un restaurante, parecía casi un club social, donde los habituales podían sentarse a conversar con los dueños mientras tomaban un coñac. La vista, además, era increíble. Mientras almorzaban, cavilaban que la mayor fuente de ingresos de esa localidad debían ser los estacionamientos y restaurantes.
Habiendo terminado de comer, se dirigieron a la casa de Neruda, para lo cual el tercer compañero de viaje interrumpió su diluvio, el cual continuó e intensificó no bien los viajeros habían llegado al resguardo del museo. Los turistas que ahí estaban se mostraban sorprendidos y atemorizados por lo fuerte de la lluvia, pero Rodolfo no se preocupaba demasiado, sabía que pararía a tiempo, y así fue, pues para cuando tenían que recorrer la casa por fuera, ni rastros había de la lluvia.
Volvieron al auto, y una vez en camino comenzó nuevamente a llover. Entraron por un camino no muy bien indicado en el mapa a la Laguna el Peral, en donde se quedaron más tiempo del esperado, pues entre la lluvia y la oscuridad no lograban encontrar la salida. Una vez en la carretera, se dirigieron a Cartagena, con Marisa comentando que estaba bien que existiera un lugar así, “para que los rotos puedan veranear, y mejor todos juntos en un lugar que dispersos”. En este lugar no costaría encontrar lugar donde dormir, pues está lleno de hoteles y residenciales, y de hecho se quedaron en el primer lugar que encontraron, el cual costaba la mitad del de Algarrobo, y era del mismo nivel, y con vista al mar. Luego de dejar sus cosas en la habitación y el auto a resguardo, salieron a caminar por el borde costero, aprovechando que la lluvia había cedido nuevamente un espacio, y Rodolfo aprovechó de comer unas papas fritas a precio de Cartagena, pese al temor de Marisa del dolor de estómago que podrían producir.
De vuelta en la habitación, vieron una película en el notebook, y se acostaron para estar prestos al día siguiente.
El día Lunes se dirigieron a San Antonio, Lloleo y Santo Domingo, para luego llegar almorzar a Pomaire, donde cada uno compró una planta y Rodolfo encontró un par de compañeros de universidad.
De vuelta en su casa, Rodolfo vio “Se Arrienda”, de Alberto Fuguet, en preparación para el último día de “Desde el Plató”, que se desarrollará el martes. A pesar de no encontrarla una gran película, la disfrutó, y sintió que al menos mejoraba mientras avanzaba. Sí notó que los diálogos sonaban forzados, que algunos actores no daban la talla (o el papel) y que era todo bastante cliché y lugar común. Aprovechó también de escribir del viaje y subir las fotos para mostrarlas a los amigos, y pensó que quizás podría grabar un podcast antes de acostarse, pero mientras escribía notaba que no tenía el ánimo suficiente, y que sería mejor hacerse un minuto al día siguiente antes de acostarse.
Mientras terminaba de escribir, conversaba con algunos amigos por MSN, y pensaba que, a pesar de no haber seguido el plan original, había sido un gran fin de semana.
Fotos del Litoral Central
lunes, junio 08, 2009
De cómo mejorar días malos, paseos locos, casas comunistas, enfermedades contagiosas y conciertos futuros
Hoy ha sido un día de porquería, por nada en particular (de hecho, si lo miro fríamente no hay nada en sí malo en el día más allá de que se me quedó el libro que pretendía leer a la hora de almuerzo en la casa), sino que solo porque me siento como en un día de porquería.
Sin embargo, con estas cosas que no tienen razón de ser tampoco se necesita mucho para arreglarlas, y la noticia de que la actriz que interpretaba a Starbuck en Battlestar Galactica se unirá al elenco de 24 para la próxima temporada fue suficiente para reanimarme, al menor por ahora. No sé por qué siento que mañana también será un día de porquería, y quizás todo el resto de la semana… Creo que un paseo en bicicleta no me haría mal.
Ayer, por otro lado, fue un re buen día. Fuimos de paseo al santuario de la naturaleza yerba loca, y como se había anunciado que iba a estar nublado, llevé a dos Soles (tucutum tssss!). El lugar era bien bonito, el estero que lo recorría se veía muy choro, puesto que como tenía yeso las rocas del fondo habían quedado blancas, y el agua se veía muy transparente y generando espumita, dando un aspecto de un río limpio de película. Claro que el agua no era para nada potable, por el tema del yeso. Caminamos siguiendo el río un rato, y tomamos fotos. Sol 2 tiene una cámara espectacular, y quiero las fotos que sacó! De paso, perdí el boomerang porque en un pequeño error de cálculo cayó justo en el río y no alcancé a agarrarlo antes que se lo llevar a la corriente. La verdad no me importa tanto el aparato, pero me dio lata ensuciar el río…
Luego fuimos a comer algo a Farellones, un poco más arriba, y me sorprendí de lo mundano que se ve sin nieve. Ahora hay que ir una vez que haya nevado para poder tener la comparación.
Para terminar fuimos a la punta del cóndor, donde el Capitán Kirk fue levemente exigido y se comportó a la altura, y vimos un atardecer totalmente en silencio, sólo interrumpido de vez en cuando por el ruido del viento cruzando los cerros. Abajo se veía la neblina avanzar reptando entre las laderas. No estuvimos mucho rato porque Sol 2 estaba atrasada para un compromiso con sus compañeros de estudio. No alcanzamos a ver cóndores, será para otra ocasión. A la vuelta nos topamos con los pacos yendo rajado a donde nosotros habíamos estado, puesto que una pareja que también estaba allá había prendido una fogata (no hay certeza, pero no se me ocurre otra razón).
Fotos del paseo a Yerba Loca y Farellones
Cuando Sol me pase las suyas, subiré las más choras.
Para terminar el día, llegué justo a ver el segundo partido de la final de la NBA al Basic. Convidé a Marisa que andaba media bajoneada para que se distrajera, y terminó gustando del basketball. El partido estuvo entretenido y súper disputado, incluso llegando a tiempo extra. Finalmente ganaron los Lakers. Mañana es el próximo, pero creo que voy a optar por ir a ver a una banda “tributo” de los Guns al House of Rock & Blues, para conocer lugares nuevos. Ya podremos ver otro partido el Jueves…
En otros paseos, el sábado fui a la casa de Pablo Neruda en Santiago, La Chascona. Caminamos de más, porque debido a un recuerdo mal posicionado se nos pasó la pequeña calle donde estaba la casa, y nos dimos una gran vuelta antes de llegar al destino. Igual sirvió para conocer algunos locales de Bellavista y encontrar uno que se me había perdido la última vez que traté de ir. Chora la casa, chora la colección de cosas. Igual, siendo comunista, uno pensaría que 3 casa es mucho, más aún de ese tamaño, y con un ala completa para la servidumbre… Pero que importa, iba por la casa más que por Neruda. Isla Negra subió ahora en prioridad, porque se supone que es más bonita. De pronto el sábado o domingo podría ir también a la Sebastiana en Valparaíso...
Fotos de la visita a La Chascona
La idea original del sábado era ir a un par de museos, al cerro santa lucía y luego a la casa, pero en la mañana tuve que llevar a mis sobrinos a fútbol, así que tuve que dejar de hacer algunas cosas. Quedará para otro fin de semana en stgo...
Saliendo de los paseos, me topé hoy con que en la pega hay hartos con influenza A(H1N1). Una ejecutiva a tiene a sus dos hijos enfermos, y ella también se contagió, y un ejecutivo se fue para la casa porque su hija tiene, y hay que prevenir. Al final, no me extrañaría que la mitad de la oficina termine faltando. Yo dudo que caiga en cama, no suelo hacerlo más que en momentos inoportunos (onda cuando viajé a buenos aires) y soy optimista con las enfermedades, así que no me preocupo mucho si tengo algo de fiebre. Además, probablemente me aburriría como ostra solo en la casa, e igual tendría que hacerme yo solo todas las cosas, comprarme los remedios, tomarme la temperatura y todo eso, no teniendo quién me cuide. Es como bien penca ser enfermo soltero, parece, así que mejor ni enfermarse. Además, no me gusta mucho ser un enfermo molesto...
Me enteré hoy que viene Aimee Mann a Chile el 16 de Agosto, creo. Parece que tengo ganas de ir. Vamos a ver que otras cosas hay para ajustar presupuestos, porque ese mismo mes creo que viene Depeche, y va como todo el mundo, así que me estoy animando a ir también.
YAPA: el viernes Sol 2 mostró este video de Yuri. Había escuchado la canción muchas veces (más que nada el coro, levemente modificado, no regunte), pero el video no lo había visto nunca. Pucha que es malo! La ola artificial casi la bota. Parece que mucho tiempo para grabarlo no tuvieron.
Sin embargo, con estas cosas que no tienen razón de ser tampoco se necesita mucho para arreglarlas, y la noticia de que la actriz que interpretaba a Starbuck en Battlestar Galactica se unirá al elenco de 24 para la próxima temporada fue suficiente para reanimarme, al menor por ahora. No sé por qué siento que mañana también será un día de porquería, y quizás todo el resto de la semana… Creo que un paseo en bicicleta no me haría mal.
Ayer, por otro lado, fue un re buen día. Fuimos de paseo al santuario de la naturaleza yerba loca, y como se había anunciado que iba a estar nublado, llevé a dos Soles (tucutum tssss!). El lugar era bien bonito, el estero que lo recorría se veía muy choro, puesto que como tenía yeso las rocas del fondo habían quedado blancas, y el agua se veía muy transparente y generando espumita, dando un aspecto de un río limpio de película. Claro que el agua no era para nada potable, por el tema del yeso. Caminamos siguiendo el río un rato, y tomamos fotos. Sol 2 tiene una cámara espectacular, y quiero las fotos que sacó! De paso, perdí el boomerang porque en un pequeño error de cálculo cayó justo en el río y no alcancé a agarrarlo antes que se lo llevar a la corriente. La verdad no me importa tanto el aparato, pero me dio lata ensuciar el río…
Luego fuimos a comer algo a Farellones, un poco más arriba, y me sorprendí de lo mundano que se ve sin nieve. Ahora hay que ir una vez que haya nevado para poder tener la comparación.
Para terminar fuimos a la punta del cóndor, donde el Capitán Kirk fue levemente exigido y se comportó a la altura, y vimos un atardecer totalmente en silencio, sólo interrumpido de vez en cuando por el ruido del viento cruzando los cerros. Abajo se veía la neblina avanzar reptando entre las laderas. No estuvimos mucho rato porque Sol 2 estaba atrasada para un compromiso con sus compañeros de estudio. No alcanzamos a ver cóndores, será para otra ocasión. A la vuelta nos topamos con los pacos yendo rajado a donde nosotros habíamos estado, puesto que una pareja que también estaba allá había prendido una fogata (no hay certeza, pero no se me ocurre otra razón).
Fotos del paseo a Yerba Loca y Farellones
Cuando Sol me pase las suyas, subiré las más choras.
Para terminar el día, llegué justo a ver el segundo partido de la final de la NBA al Basic. Convidé a Marisa que andaba media bajoneada para que se distrajera, y terminó gustando del basketball. El partido estuvo entretenido y súper disputado, incluso llegando a tiempo extra. Finalmente ganaron los Lakers. Mañana es el próximo, pero creo que voy a optar por ir a ver a una banda “tributo” de los Guns al House of Rock & Blues, para conocer lugares nuevos. Ya podremos ver otro partido el Jueves…
En otros paseos, el sábado fui a la casa de Pablo Neruda en Santiago, La Chascona. Caminamos de más, porque debido a un recuerdo mal posicionado se nos pasó la pequeña calle donde estaba la casa, y nos dimos una gran vuelta antes de llegar al destino. Igual sirvió para conocer algunos locales de Bellavista y encontrar uno que se me había perdido la última vez que traté de ir. Chora la casa, chora la colección de cosas. Igual, siendo comunista, uno pensaría que 3 casa es mucho, más aún de ese tamaño, y con un ala completa para la servidumbre… Pero que importa, iba por la casa más que por Neruda. Isla Negra subió ahora en prioridad, porque se supone que es más bonita. De pronto el sábado o domingo podría ir también a la Sebastiana en Valparaíso...
Fotos de la visita a La Chascona
La idea original del sábado era ir a un par de museos, al cerro santa lucía y luego a la casa, pero en la mañana tuve que llevar a mis sobrinos a fútbol, así que tuve que dejar de hacer algunas cosas. Quedará para otro fin de semana en stgo...
Saliendo de los paseos, me topé hoy con que en la pega hay hartos con influenza A(H1N1). Una ejecutiva a tiene a sus dos hijos enfermos, y ella también se contagió, y un ejecutivo se fue para la casa porque su hija tiene, y hay que prevenir. Al final, no me extrañaría que la mitad de la oficina termine faltando. Yo dudo que caiga en cama, no suelo hacerlo más que en momentos inoportunos (onda cuando viajé a buenos aires) y soy optimista con las enfermedades, así que no me preocupo mucho si tengo algo de fiebre. Además, probablemente me aburriría como ostra solo en la casa, e igual tendría que hacerme yo solo todas las cosas, comprarme los remedios, tomarme la temperatura y todo eso, no teniendo quién me cuide. Es como bien penca ser enfermo soltero, parece, así que mejor ni enfermarse. Además, no me gusta mucho ser un enfermo molesto...
Me enteré hoy que viene Aimee Mann a Chile el 16 de Agosto, creo. Parece que tengo ganas de ir. Vamos a ver que otras cosas hay para ajustar presupuestos, porque ese mismo mes creo que viene Depeche, y va como todo el mundo, así que me estoy animando a ir también.
YAPA: el viernes Sol 2 mostró este video de Yuri. Había escuchado la canción muchas veces (más que nada el coro, levemente modificado, no regunte), pero el video no lo había visto nunca. Pucha que es malo! La ola artificial casi la bota. Parece que mucho tiempo para grabarlo no tuvieron.
lunes, junio 01, 2009
Viaje a Argentina, Mis Fotos
Acá les dejo una selección de las fotos que tomé en Argentina. No necesariamente es una selección de lo mejor, es sólo una de las (casi) infinitas selecciones que se podrían haber hecho: vean las fotos haciendo click acá
domingo, mayo 31, 2009
Uno menos
Y se casó Sasha, el primero del grupo en pisar el palito. Sé que realmente no hay ningún cambio, vivía con Daniela hace tiempo, seguía juntándose con nosotros igualmente. Esto es sólo una formalización, y sin embargo se siente como algo grande. Ahora Sasha tiene un anillo, y puede hablar de “mi señora”. Es raro…
En cualquier caso, el matrimonio estuvo choro. Fue más tradicional de lo que esperaba la fiesta, lo que a mis ojos fue extraño, pues esperaba algo distinto. Quizás mucha música de matrimonio, pero los minutos que estuvo buena, por dios que estuvo buena, y yo lo pasé muy bien el rato que bailé. Nuevamente probé ser líder de opinión, y cuando salí al balcón me siguió medio mundo. Lástima que saliera porque quería estar solo un rato, jajaja.
Acá hay algunas fotos. Felicidades Sasha, le toca a Cango.




PD: Pucha que me gustó la polola del hermano de Sasha. Del hermano grande que parece chico, Paul, no de George, obviamente. ¿Qué se hace en esos casos? ¿Estará bien pedirle gancho a Sasha? O por lo menos que avise si termina con el hermano…
En cualquier caso, el matrimonio estuvo choro. Fue más tradicional de lo que esperaba la fiesta, lo que a mis ojos fue extraño, pues esperaba algo distinto. Quizás mucha música de matrimonio, pero los minutos que estuvo buena, por dios que estuvo buena, y yo lo pasé muy bien el rato que bailé. Nuevamente probé ser líder de opinión, y cuando salí al balcón me siguió medio mundo. Lástima que saliera porque quería estar solo un rato, jajaja.
Acá hay algunas fotos. Felicidades Sasha, le toca a Cango.




PD: Pucha que me gustó la polola del hermano de Sasha. Del hermano grande que parece chico, Paul, no de George, obviamente. ¿Qué se hace en esos casos? ¿Estará bien pedirle gancho a Sasha? O por lo menos que avise si termina con el hermano…
jueves, mayo 28, 2009
Viaje a Argentina, Parte 4

Después de dormir, aunque no hubiese sido el plan original, partimos a San Juan. Lamentablemente era Domingo, y para más remate el Lunes era feriado, así que el centro estaba muerto, casi todo cerrado. Igual dimos algunas vueltas, nos bajamos a ver si había algo y encontramos una confitería abierta donde compramos pico dulce, incluyendo unos que se supone que brillan en la oscuridad.

Sin mucho más que hacer ahí, partimos a Mendoza. Quedaba poca nafta, así que el Capitán nos empezó a alegar, pero era suficiente para llegar a una bomba. En Mendoza la cosa fue similar, todo bastante cerrado salvo lugares para comer, pero me llamó la atención que a pesar de eso había mucha gente en el centro paseando.
Fuimos luego a 2 shoppings, el primero era un Jumbo-Easy con algunas tiendas más, y entramos porque en un principio pensamos que era “el shopping” de Mendoza (“pobres argentinos, sólo un shopping de nada”, diría Obelix), pero una vez adentro Carola determinó que definitivamente ese no era en el que había estado antes, así que luego de pedir direcciones partimos al otro. Tienda ancla: Falabella. O sea, claramete el tema de los malls o shoppings como los llaman allá son una exportación de Chile, allá en Argentina el modelo sigue siendo las galerías comerciales, y tiendas especializadas o bazares en vez de tiendas por departamento. Mientras Carola buscaba algo en Falabella, yo pasé a una librería a mirar si había algo distinto. No mucho, la verdad. Eso sí en el Jumbo me había comprado dos libros que, aunque no conocía ni me interesaban mayormente, estaban tan baratos que no pude resistirme. Igual se ven como best sellers decentes, uno por el autor del Jardinero Fiel.
Después de eso pasamos a un Wallmart a gastar los últimos pesos argentinos que nos quedaban (que saldría más a cuenta que cambiarlos en Chile) y tomamos camino al paso Los Libertadores.
Los Argentinos en general manejan pésimo, ni pescan las señalizaciones, te tiran el auto, etc, pero acá comprobamos, tal y como dijo Carola, que les pones una curva o una cuesta, y se mean enteros (claro, están acostumbrados a pampas lisas y rectas), por lo que en el camino iban a 2 por hora, y no adelantaban nunca. De vez en cuando uno veía algún auto adelantar, y era chileno.

Al lado de Mendoza había un embalse y un río bien bonito, tienen suerte los mendozinos, pueden hacer un buen paseo de fin de semana allá.

En Uspallata cambiamos nuevamente de puesto, y seguí manejando yo. Aprovechamos de acomodar los cactus debajo de la maleta, al lado de la rueda de repuesto, esperando así evitar problemas en la aduana.
Llegamos al paso sin problemas, y ahí tuvimos que esperar más de una hora para poder pasar. Para colmo, se les olvidó timbrarnos un papel así que me tuve que devolver a buscarlo al primero de los 4 puestos en los que nos pararon (a pie, y no hacía calor a esa altura).
Al pasar a Argentina sólo nos preguntaron si llevábamos algo vegetal (y si habíamos tenido síntomas de resfrío), acá por otro lado, nos dieron vuelta el auto. El tipo fue re buena onda, en todo caso, me preguntó si llevaba algo de origen animal o vegetal, y luego me preguntó si podía ver la maleta. En Argentina también hicieron eso una vez, removieron bolsas, abrieron el bolso de Carolina y listo, por lo que pensé que sería similar. Nones, partió con mi bolso, metió la mano profundamente y me preguntó que tenía adentro (más que nada ropa sucia, pobre tipo). El bolso de Carola creo que no lo hurgueteó, sólo pidió abrirlo. Luego vino mi mochila de mano, que tenía la cámara, binoculares y leseras para llevar a mano en el viaje, y después las bolsas de supermercado. También abrió la guantera, pero no la revisó mucho. Definitivamente, de no haber escondido los cactus, hubiésemos tenido problemas… de hecho, ahora que recuerdo, tuvimos en Argentina un par de controles sanitarios, y un tipo metiendo la mano en la maleta se pinchó. No sé si habrá alcanzado a atinar que es lo que era o le dio lo mismo, pero traté de poner cara de nada cuando lo escuché gritar.
Bueno, después de eso seguimos camino, llegamos a Santiago relativamente rápido desde ahí, se notó que estábamos en Chile porque no pasó mucho rato hasta que tuvimos que pagar un peaje (creo que en Argentina tuve que pagar sólo 2, si es que, y un par de “fumigaciones” por control sanitario, a app 300 pesos cada una).
Casi 96 horas y más de 3.000 kilómetros después estaba dejando a Carola en su casa y partiendo yo para la mía. Lástima que el cuentakilómetros reiniciable llegue solo hasta 2000 (que número más arbitrario), por lo que no se pudo tomar una foto a los 3000 (hay una a los 1.500, creo, o a los 1.000, parece que están en la cámara de Carolina porque no recuerdo haberla visto en mis fotos).
Me había comprometido a ayudar a Carola en una cosa que tenía que hacer para el día siguiente, pero cuando llegué al depto noté que estaba muerto, y que necesitaba descansar. Le mandé un mail excusándome (aunque luego caché que igual no hubiese podido ayudarla). Supongo que se la debo para alguna otra ocasión.
Y eso fue el viaje. Queda pendiente el epílogo con conclusiones, y poner el mapa del recorrido, que será mañana, si la Difunta Correa quiere.
miércoles, mayo 27, 2009
Viaje a Argentina, Parte 3
Ok, acabábamos de salir del casino con suerte dispar, y partimos al sur con la intención de ir a un cerro que tenía bonita vista. En el camino, Carola apagó las luces por un par de segundos (estábamos en la carretera, y aunque no venía gente, era peligroso) y el cielo se vio espectacular. No había luna, así que se veían muchas más estrellas que de costumbre, y más de las que vi en el Valle del Elqui. Aproveché de sentarme en la ventana a lo Duke de Hazard y así anduvimos un rato, yo mirando las estrellas mientras Carola manejaba.
A medio camino decidimos, como les conté antes, cambiar de rumbo y tomar un desvío hacia el norte, a una cuesta que se supone era muy bonita. La cuesta era efectivamente muy chora y bonita, pero no era la que Carola recordaba. De algún modo nos engañó un poco el mapa del hotel que teníamos, porque supusimos que una línea punteada era un camino menor (la cuesta, en este caso), cuando realmente parece que simbolizaba un río. El camino era mayormente de tierra, y flanqueado por hartos cactus, de los tratamos de sacar fotos (de noche no logramos sacar mucho) y además unos ¿brotes? para llevar a Chile. Igual que Sol, Carola colecciona cactus, y ahora entre los dos viajes creo que estoy bastante interiorizado en diferentes aspectos de este tipo de vegetación =)
Cuando estábamos como en el sector más alto de la cuesta, paramos un rato, yo quería salir a mirar el cielo y escuchar el ambiente. Se sentía correr el río abajo, pero no se veía. Carola se quedó terminando de preparar el café, que logramos hacer derritiendo hielo con la calefacción y luego calentando el agua con el calentador eléctrico que se enchufaba al auto, pero la porquería terminó media derretida y llenando el auto con olor a plástico quemado. Aprovechando el espectacular lugar, solitario, tranquilo, al lado de un barranco, con el sonido del río y las estrellas arriba, decidí que era el momento para llevar a cabo un pequeño rito de paso que antes de salir había descubierto que tenía que realizar, así que mientras Carola tomaba café, me quedé unos minutos afuera, produje el objeto a ser imbuido con energía que había procurado en el Wallmart de Córdoba (muy barato, por cierto), y ahí me quedé conversando con él un rato. Volví al auto una vez terminado el ritual, más contento, tranquilo, libre. Definitivamente estos lugares en donde no hay nada alrededor son los mejores para hacer cosas estúpidamente significativas.

Continuamos camino tranquilamente y sin apuro, y pronto comenzó a amanecer. Yo estaba cayéndome de sueño, la verdad, así que me pegué una pequeña pestañada antes de llegar al siguiente pueblo. No fue mucho, porque el camino era de tierra, pero sirvió. El pueblito, llamado Pagancillo, era muy pequeño, una localidad con casas todas de adobe, algunas bien bonitas, pero todas sencillas. Estábamos a pocos kilómetros de Talampaya, parque nacional y uno de los principales destinos del viaje, así que para allá nos fuimos, llegando justo cuando abrían, a las 8:30. Teníamos la esperanza de que tuvieran ducha, pero no, así que hubo que conformarse con lavarse los dientes y la cara nada más.
De guía para Talampaya nos tocó Fanny, si la memoria no me falla, y Roberto (creo) conducía la van (no entiendo por qué no era solo una persona, pero bueno). Ambos vivían en Pagancillo, y algo me dice que ser guía turístico es la principal fuente de ingresos del pueblo. Estoy tratando de aprenderme los nombres de las personas, se supone que hace bien, y si me las vuelvo a topar alguna vez en la vida y las saludo por su nombre, probablemente se sientan bien. Los uruguayos que podrían venir a quedarse en mi casa no me dijeron sus nombres, pero estoy casi seguro que a él le decía “llama”.
Pero me desvío del tema. En el camino al lugar “turístico” del parque, que son unas enormes elevaciones de roca de color rojo, nos topamos con unos extraños roedores que parecían conejos superdesarrollados con patas delanteras grandes. Debo decir que no logré entender el nombre de estos animales, y como había preguntado ya 3 veces me dio vergüenza seguir haciéndolo, pero gracias a la maravilla de internet puedo confirmar que eran maras. Otros animales que vimos fueron cóndores (a lo lejos), guanacos y ñandúes, todos cruzándose convenientemente por el camino. Más tarde, conversando con Carola, nos dimos cuenta que ambos pensamos para nuestros adentros que había alguien cerca del camino liberándolos convenientemente cuando pasábamos.

El lugar era efectivamente impresionante, murallas totalmente verticales de roca roja de, creo, unos 150 metros de altura. Se veían ciertas rajaduras en algunas de las murallas, y el agua había generado algunas cuevas. Cuando llueve, se supone que pasa el río y no se puede entrar, ya que nosotros llegamos por el cause del río seco. Sin embargo llueve poco, y el agua dura la nada misma ahí. Nuevamente hicimos el tour corto y barato que sólo nos llevó a la entrada. Uno más largo a precio razonable partía a las 4, pero nos iba a dejar sin tiempo para ir a recorrer San Juan. Carola había hecho antes uno que entraba un poco más y dijo que era muy bonito más adentro. Había aún un tercero que llegaba hasta el fondo, y por las fotos se veía re choro, así que habrá que hacerlo algún otro día en el que vaya con más tiempo, al igual que el largo de las Sierras de la Quijada. De algún modo, tal como Carola evangelizó con Talampaya y e Ischigualasto (ya vamos para allá), ahora me toca a mí hacerlo y llevara alguien allá (gastos compartidos, probablemente).

Bueno, luego de Talampaya nos fuimos a Ischigualasto, conocido también como El Valle de la Luna, claramente tratando de aprovechar la fama del chileno. El lugar es bonito, pero me pareció raro que lo que más me gustó no fueron las paradas turísticas, sino que el entorno en sí. Son 5 paradas con diferentes formaciones rocosas y un guía explicando sobre como se formaron y las eras geológicas. Hay fósiles del triásico también… Las formaciones son choras, pero creo que eso de que te señalen “esto es bonito, mírale” me deja como esperando algo más de lo que realmente hay, por lo que disfruto más de esas cosas no señaladas que son igualmente preciosas. Me pasó lo mismo en Las 7 Tazas, en las que disfruté más del camping mismo que del parque. Bueno, el tema es que fue un tour de 3 horas en nuestro propio auto, para luego volver por nuestra cuenta. Al final había un museo, que nos saltamos porque nos fuimos al final y más lento para recorrer bien el lugar, que como dije era hermoso. Acá se mezclaban los colores que habíamos visto en los otros parques y caminos, teniendo montañas grises, amarillas y rojas. Además nos tocó un cielo azul pintado con ciertas nubes, y vimos de todo (yo al menos) en ellas.


Después del parque seguimos hacia San Juan, y yo me fui bastante distraído mirando las nubes y jugando con la palma de mi mano por la ventana como si fuera un avión, a-la-Macross Plus. Jamás pensé que eso fuera a ser tan entretenido!
A mitad de camino cambiamos de puesto, Carola venía manejando desde la Rioja por como 15 ó 16 horas, y además yo tenía ganas de manejar.

Entrando a San Juan me equivoqué de camino y tuvimos que devolvernos, pero entremedio nos sirvió para ver una ciudad cercana, y luego recorrimos todo el centro de San Juan unas cuentas veces, simplemente para conocerlo. La idea era ir a un embalse que quedaba cerca de echarse y disfrutar tranquilamente, pero antes queríamos ducha y comida. Preguntamos en montones de servicentros, y todos nos mandaban a otro que se supone que tenían ducha, pero nada. Al final paramos en un hotel que nos arrendaban la pieza por 3 horas para ducharnos en 40 pesos (la idea surgió de buscar un motel por horas, pero no vimos), y ahí Carola aprovecho de sacar un mapa de la ciudad. En el mapa había unos hostales anunciados, así que decidimos ver si lográbamos sacar algo más barato (aunque en 3 horas alcanzábamos a ducharnos y dormir un rato, lo que no pintaba tan mal). Cuento corto, encontramos un hostal donde el tipo fue súper amable y nos dejó usar la ducha gratis, así que con renovada energía partimos en busca del estanque, para el cual también conseguimos mapa. Además, en el hostal tomamos una guía de hostales en Argentina, así que definitivamente la próxima vez que vayamos, cada uno por su cuenta probablemente, ya no vamos a tener que perder tiempo buscando alojamiento, sino que simplemente recorriendo sin rumbo, lo que es mucho mejor.
Bien, en el camino al embalse, como a las 2 de la mañana, creo, pasamos por la calle de los pubs de San Juan, y vimos uno que parecía como ok para nuestro target. Quedaría de plan B, pensé. A Carola la ducha no la despertó tanto, así que se puso a dormir mientras llegábamos al lugar buscado. Lo primero que encontré fue el dique, en donde había harta gente, incluso carpas alrededor. Era un lugar aún urbano, en todo caso, y se notaba su uso común para carrete. Traté de tomar algunas fotos sin mucha suerte y seguí buscando playas junto al embalse. Lamentablemente todo era privado, y lo que no, igual tenía horario de acceso, por lo que no pude entrar a ningún lado. Hubo un sector que pensé podría llevarme hacia el embalse, pero era camino de tierra y Carolina dormía, y no quería despertarla por una falsa alarma. Me empezó a dar sueño a mí, así que decidí volver al dique, estacionar el auto y dormir también. So much for plan B...
Al lado del conductor caché que cuesta más dormir que al del copiloto, porque como están los pedales no se pueden estirar bien las piernas. Quizás es sólo cosa de costumbre… Había comprado también una de estas almohadas de viaje que van alrededor del cuello, y en ese aspecto la encontré totalmente inútil. Igual me sirvió usándola como almohada normal, dejando las extensiones hacia arriba.
Me desperté varias veces, y finalmente como a las 8 creo que terminamos ambos despiertos y listos para ir a San Juan a comprar cosas (después de un gran café, claro). Unas horas antes, en un momento en el que ambos coincidimos despiertos, había sugerido ir a Mendoza, pero Carola quería aprovechar de recorrer tiendas baratas en San Juan como las que vimos en la Rioja, así que habíamos seguido durmiendo. Como ella durmió mucho mejor que yo, ella condujo de vuelta a San Juan. Pensé tratar de dormir, pero no daba…
Me estoy adelantando de día, eso sí. Ya sólo queda la última patita de vuelta, con el contrabando de cactus incluido, que vendrá en el próximo capítulo.
A medio camino decidimos, como les conté antes, cambiar de rumbo y tomar un desvío hacia el norte, a una cuesta que se supone era muy bonita. La cuesta era efectivamente muy chora y bonita, pero no era la que Carola recordaba. De algún modo nos engañó un poco el mapa del hotel que teníamos, porque supusimos que una línea punteada era un camino menor (la cuesta, en este caso), cuando realmente parece que simbolizaba un río. El camino era mayormente de tierra, y flanqueado por hartos cactus, de los tratamos de sacar fotos (de noche no logramos sacar mucho) y además unos ¿brotes? para llevar a Chile. Igual que Sol, Carola colecciona cactus, y ahora entre los dos viajes creo que estoy bastante interiorizado en diferentes aspectos de este tipo de vegetación =)
Cuando estábamos como en el sector más alto de la cuesta, paramos un rato, yo quería salir a mirar el cielo y escuchar el ambiente. Se sentía correr el río abajo, pero no se veía. Carola se quedó terminando de preparar el café, que logramos hacer derritiendo hielo con la calefacción y luego calentando el agua con el calentador eléctrico que se enchufaba al auto, pero la porquería terminó media derretida y llenando el auto con olor a plástico quemado. Aprovechando el espectacular lugar, solitario, tranquilo, al lado de un barranco, con el sonido del río y las estrellas arriba, decidí que era el momento para llevar a cabo un pequeño rito de paso que antes de salir había descubierto que tenía que realizar, así que mientras Carola tomaba café, me quedé unos minutos afuera, produje el objeto a ser imbuido con energía que había procurado en el Wallmart de Córdoba (muy barato, por cierto), y ahí me quedé conversando con él un rato. Volví al auto una vez terminado el ritual, más contento, tranquilo, libre. Definitivamente estos lugares en donde no hay nada alrededor son los mejores para hacer cosas estúpidamente significativas.

Continuamos camino tranquilamente y sin apuro, y pronto comenzó a amanecer. Yo estaba cayéndome de sueño, la verdad, así que me pegué una pequeña pestañada antes de llegar al siguiente pueblo. No fue mucho, porque el camino era de tierra, pero sirvió. El pueblito, llamado Pagancillo, era muy pequeño, una localidad con casas todas de adobe, algunas bien bonitas, pero todas sencillas. Estábamos a pocos kilómetros de Talampaya, parque nacional y uno de los principales destinos del viaje, así que para allá nos fuimos, llegando justo cuando abrían, a las 8:30. Teníamos la esperanza de que tuvieran ducha, pero no, así que hubo que conformarse con lavarse los dientes y la cara nada más.
De guía para Talampaya nos tocó Fanny, si la memoria no me falla, y Roberto (creo) conducía la van (no entiendo por qué no era solo una persona, pero bueno). Ambos vivían en Pagancillo, y algo me dice que ser guía turístico es la principal fuente de ingresos del pueblo. Estoy tratando de aprenderme los nombres de las personas, se supone que hace bien, y si me las vuelvo a topar alguna vez en la vida y las saludo por su nombre, probablemente se sientan bien. Los uruguayos que podrían venir a quedarse en mi casa no me dijeron sus nombres, pero estoy casi seguro que a él le decía “llama”.
Pero me desvío del tema. En el camino al lugar “turístico” del parque, que son unas enormes elevaciones de roca de color rojo, nos topamos con unos extraños roedores que parecían conejos superdesarrollados con patas delanteras grandes. Debo decir que no logré entender el nombre de estos animales, y como había preguntado ya 3 veces me dio vergüenza seguir haciéndolo, pero gracias a la maravilla de internet puedo confirmar que eran maras. Otros animales que vimos fueron cóndores (a lo lejos), guanacos y ñandúes, todos cruzándose convenientemente por el camino. Más tarde, conversando con Carola, nos dimos cuenta que ambos pensamos para nuestros adentros que había alguien cerca del camino liberándolos convenientemente cuando pasábamos.

El lugar era efectivamente impresionante, murallas totalmente verticales de roca roja de, creo, unos 150 metros de altura. Se veían ciertas rajaduras en algunas de las murallas, y el agua había generado algunas cuevas. Cuando llueve, se supone que pasa el río y no se puede entrar, ya que nosotros llegamos por el cause del río seco. Sin embargo llueve poco, y el agua dura la nada misma ahí. Nuevamente hicimos el tour corto y barato que sólo nos llevó a la entrada. Uno más largo a precio razonable partía a las 4, pero nos iba a dejar sin tiempo para ir a recorrer San Juan. Carola había hecho antes uno que entraba un poco más y dijo que era muy bonito más adentro. Había aún un tercero que llegaba hasta el fondo, y por las fotos se veía re choro, así que habrá que hacerlo algún otro día en el que vaya con más tiempo, al igual que el largo de las Sierras de la Quijada. De algún modo, tal como Carola evangelizó con Talampaya y e Ischigualasto (ya vamos para allá), ahora me toca a mí hacerlo y llevara alguien allá (gastos compartidos, probablemente).

Bueno, luego de Talampaya nos fuimos a Ischigualasto, conocido también como El Valle de la Luna, claramente tratando de aprovechar la fama del chileno. El lugar es bonito, pero me pareció raro que lo que más me gustó no fueron las paradas turísticas, sino que el entorno en sí. Son 5 paradas con diferentes formaciones rocosas y un guía explicando sobre como se formaron y las eras geológicas. Hay fósiles del triásico también… Las formaciones son choras, pero creo que eso de que te señalen “esto es bonito, mírale” me deja como esperando algo más de lo que realmente hay, por lo que disfruto más de esas cosas no señaladas que son igualmente preciosas. Me pasó lo mismo en Las 7 Tazas, en las que disfruté más del camping mismo que del parque. Bueno, el tema es que fue un tour de 3 horas en nuestro propio auto, para luego volver por nuestra cuenta. Al final había un museo, que nos saltamos porque nos fuimos al final y más lento para recorrer bien el lugar, que como dije era hermoso. Acá se mezclaban los colores que habíamos visto en los otros parques y caminos, teniendo montañas grises, amarillas y rojas. Además nos tocó un cielo azul pintado con ciertas nubes, y vimos de todo (yo al menos) en ellas.


Después del parque seguimos hacia San Juan, y yo me fui bastante distraído mirando las nubes y jugando con la palma de mi mano por la ventana como si fuera un avión, a-la-Macross Plus. Jamás pensé que eso fuera a ser tan entretenido!
A mitad de camino cambiamos de puesto, Carola venía manejando desde la Rioja por como 15 ó 16 horas, y además yo tenía ganas de manejar.

Entrando a San Juan me equivoqué de camino y tuvimos que devolvernos, pero entremedio nos sirvió para ver una ciudad cercana, y luego recorrimos todo el centro de San Juan unas cuentas veces, simplemente para conocerlo. La idea era ir a un embalse que quedaba cerca de echarse y disfrutar tranquilamente, pero antes queríamos ducha y comida. Preguntamos en montones de servicentros, y todos nos mandaban a otro que se supone que tenían ducha, pero nada. Al final paramos en un hotel que nos arrendaban la pieza por 3 horas para ducharnos en 40 pesos (la idea surgió de buscar un motel por horas, pero no vimos), y ahí Carola aprovecho de sacar un mapa de la ciudad. En el mapa había unos hostales anunciados, así que decidimos ver si lográbamos sacar algo más barato (aunque en 3 horas alcanzábamos a ducharnos y dormir un rato, lo que no pintaba tan mal). Cuento corto, encontramos un hostal donde el tipo fue súper amable y nos dejó usar la ducha gratis, así que con renovada energía partimos en busca del estanque, para el cual también conseguimos mapa. Además, en el hostal tomamos una guía de hostales en Argentina, así que definitivamente la próxima vez que vayamos, cada uno por su cuenta probablemente, ya no vamos a tener que perder tiempo buscando alojamiento, sino que simplemente recorriendo sin rumbo, lo que es mucho mejor.
Bien, en el camino al embalse, como a las 2 de la mañana, creo, pasamos por la calle de los pubs de San Juan, y vimos uno que parecía como ok para nuestro target. Quedaría de plan B, pensé. A Carola la ducha no la despertó tanto, así que se puso a dormir mientras llegábamos al lugar buscado. Lo primero que encontré fue el dique, en donde había harta gente, incluso carpas alrededor. Era un lugar aún urbano, en todo caso, y se notaba su uso común para carrete. Traté de tomar algunas fotos sin mucha suerte y seguí buscando playas junto al embalse. Lamentablemente todo era privado, y lo que no, igual tenía horario de acceso, por lo que no pude entrar a ningún lado. Hubo un sector que pensé podría llevarme hacia el embalse, pero era camino de tierra y Carolina dormía, y no quería despertarla por una falsa alarma. Me empezó a dar sueño a mí, así que decidí volver al dique, estacionar el auto y dormir también. So much for plan B...
Al lado del conductor caché que cuesta más dormir que al del copiloto, porque como están los pedales no se pueden estirar bien las piernas. Quizás es sólo cosa de costumbre… Había comprado también una de estas almohadas de viaje que van alrededor del cuello, y en ese aspecto la encontré totalmente inútil. Igual me sirvió usándola como almohada normal, dejando las extensiones hacia arriba.
Me desperté varias veces, y finalmente como a las 8 creo que terminamos ambos despiertos y listos para ir a San Juan a comprar cosas (después de un gran café, claro). Unas horas antes, en un momento en el que ambos coincidimos despiertos, había sugerido ir a Mendoza, pero Carola quería aprovechar de recorrer tiendas baratas en San Juan como las que vimos en la Rioja, así que habíamos seguido durmiendo. Como ella durmió mucho mejor que yo, ella condujo de vuelta a San Juan. Pensé tratar de dormir, pero no daba…
Me estoy adelantando de día, eso sí. Ya sólo queda la última patita de vuelta, con el contrabando de cactus incluido, que vendrá en el próximo capítulo.
martes, mayo 26, 2009
Viaje a Argentina, Parte 2
En el capítulo anterior los protagonistas pasaron la noche en Córdoba en un hostal, con la intención de dormir bastante, de modo de evitar dormir la noche siguiente.
En la mañana nos levantamos relativamente tarde, como a las 10, si mal no recuerdo. Luego de una rica ducha, algo que durante todo el viaje, antes y después, estuvimos deseando constantemente, fuimos a buscar una casa de cambio para que Carola cambiara su plata. Acá hago un paréntesis sobre las duchas argentinas: en general son abiertas en el baño, al lado tienen una goma como esta para limpiar vidrios para ayudar a secar un poco el piso al final, y normalmente no tienen ni cortina, al menos eso me dijo Carola. En el baño de hombres del hostal había 2 duchas, una con y otra sin cortina, pero la verdad no había mayor diferencia. Estos argentinos están majaretas...
Dimos un par de vueltas a pie por el centro de Córdoba, encontramos la casa de cambios y seguimos mirando, Carola andaba tratando de encontrar unas botas y con ganas de comprarse algo, aunque no sabía qué. Al igual que Sol y Pável unos días antes, sugirió que buscara unos pantalones que no se me estuviesen cayendo. Claro, visto así no suena tan bien, pero si lo pongo en perspectiva de que cuando los compré me quedaban super bien, lo tomo como un cumplido de que estoy más flaco, aunque ella no lo haya pensado así :-) Estuvimos por ahí como hasta las 3, creo, nos topamos con una protesta de bancarios con cánticos bastante más animados que los que se ven por acá (o esa impresión me dio, no suelo meterme mucho en marchas) y el centro casi, casi desaparece otra vez, pero volvimos al auto sin problemas. Otra curiosidad es que en todas las cuadras hay por lo menos una “Playa”, o estacionamiento. No son tan grandes estos edificios, dos pisos a lo más, y está lleno. En las otras ciudades también vimos, pero no tantas.
Originalmente habíamos pensado quedarnos hasta más tarde en Córdoba y llegar a puro carretear a La Rioja, pero como ya estábamos más o menos listos y tanta hambre no teníamos, decidimos partir al tiro y aprovechar así de recorrer La Rioja antes del carrete. Compramos un par de sándwiches de milanesa, y entramos a una fuente de soda a pedir que los calentaran. Sinceramente yo pensaba que nos iban a mandar a la punta del cerro (cosa que no era tan fácil, porque como comentaba los cerros no abundan en el paisaje) porque no es muy buena educación eso de llevar comida propia al restaurante, pero como dije antes la gente allá es muy buena onda y lo hicieron amablemente, y hasta conversamos del calentamiento global con el cocinero.
Partimos pues, yo manejando, hacia La Rioja. Teníamos 2 opciones de camino, y elegimos el más largo por dos razones: pasaba por Jesús María, en donde vivían unos amigos de Carola que podríamos pasar a visitar, y porque también cruzaba un lago, así que tendríamos un super panorama. En el camino Carola prefirió no ir a ver a sus amigos porque no estaba tan segura de poder encontrar su casa, y quería intentar no llegar tan tarde a La Rioja.
El camino era super seco, pasamos por zonas de salar, para que repetirles que era increíblemente plano y que se veía hasta muuuuy lejos. Recuerdo ahí que nos paró una policía (como en todas las fronteras de estado) muy simpática, que nos dio instrucciones de cómo seguir. Lo divertido es que tenía un acento tan cantadito, que casi parecía que lo estuviera forzando. Hasta los carabineros son enteros buena onda allá, como que el viaje cambió mi percepción de los argentinos, para mejor. Parece que el problema son los porteños...

En el camino encontramos uno de los lugares que más me gustó del viaje, sin ser ninguna maravilla, y probablemente fue por lo extraño, inesperado y también por el momento del día en el que lo encontramos, que hizo que se viera más choro. Era un parador abandonado, donde había 2 buses desarmados y destartalados, al igual que un auto. Del auto no tengo fotos, de los buses sí. Aprovecho de explicar algo de las fotos que tanto piden con gente: tengo pocas fotos donde salgo yo por dos razones, porque en general no me gusta mucho tomarlas (y me agrada National Geographic), y porque para evitarnos problemas con Carola en vez de cambiarnos las cámaras a cada rato para tomarnos fotos donde apareciese el dueño, nos tomamos fotos “cruzadas” para luego pasarnos todas las fotos que cada uno tomó, cosa que aún no hacemos. Bueno, en la cámara de la Carola hay fotos del auto, quizás cuando las tenga subo alguna. En cualquier caso, creo que acá tomamos algunas de las fotos más choras del viaje (yo al menos).


Continuamos camino a La Rioja, y nunca nos topamos con el dichoso lago. Recién ahora, viendo un mapa más grande, veo que la mancha que aparecía en el otro que supusimos era un lago, realmente era un salar, o sea que pasamos por ahí todo el rato. La Rioja era una ciudad pequeña, me recordó al estilo de Quillota, bastante pueblerina, pero con una mayor periferia, quizás. Su “gracia” radicaba en la cantidad de motos que había. ¡Estaba lleno, repleto! Andaban de a 3 por moto, y cargando paquetes. Era efectivamente el medio de transporte de la ciudad, y se metían por cualquier lado. Nos dimos una vuelta por la ciudad, pensando en recorrerla, y cachamos rápidamente que era pequeñita. Lo que no era pequeño, al menos en comparación con la ciudad, era la universidad, que sin ser bonita era sumamente completa, con laboratorios para todo y una montonera de carreras. Aprovechamos de pasar al baño, y sorpresa, sorpresa, las tazas ni tapa tenían. De más está decir que papel higiénico tampoco... ¿Qué onda los argentinos y sus baños?

Carola tomó el volante, nos dimos una vuelta más por el centro y nos estacionamos con la intención de recorrer un poco y buscar comida, al menos para mí que había picoteado menos de la mitad del sándwich, porque iba manejando y eso no sé si me quita el hambre o hace que se me olvide que hay que comer, pero el asunto es que no comí casi nada. En eso encontramos un par de tiendas de ropa usada que tenía cosas muy baratas (aunque para mujeres), y carola salió con un par de vestidos y una falda. Había varios chaquetones muy bonitos y baratos (a 1.500, más o menos), que hubiese comprado para regalar incluso, pero estaban súper manchados, como teñidos, y no sé si hubiese salido.
Mientras nos echaban de la tienda por la hora, aprovechamos de preguntar por lugares a donde salir. La cara de extrañados de los dependientes confirmó las sospechas de que La Rioja era como el Quillota chileno (y explica por que Bolocco no estaba ni ahí con quedarse allá), y solo pudieron recomendarnos un lugar donde tocaban folklore argentino y El Cielo, un bar con pool. Y a ese segundo fuimos. En el camino vimos que había un casino (y un night club que Carola confundió con un hotel, por lo que cuando fue a pedir información turística no logró conseguir mucha) y quedamos de darnos una vuelta por ahí cuando estuviéramos más prendidos.
Al lado del Cielo, que ya no se llamaba así, a todo esto, había una feria de artesanía ecléctica en donde había de todo mezclado en una cuadra: muebles, comida, inciensos (llamados sahumerios), artesanías, ropa, libros... En general todo choro. Ahí tanto Carola como yo actualizamos nuestros bananos (allá riñoneras). El nuevo mío es bastante parecido al que tenía, pero de cuero y con un par de cierres más a los lados, y con uno menos “principal”. Me sorprendió luego notar que los cierres están hacia el otro lado, y debo decir que sudé un poquito frío, pero me tranquilicé cuando pensé que era conveniente para sacar los audífonos del reproductor de música.

Bueno, llegamos al cielo, y estaba súper piola. La música era ideal, clásicos del rock argentino (que luego trocaron por clásicos ochenteros, incluyendo una canción que no fui capaz de identificar y que tenía un video tan malo que quiero ubicar solo para ver el resto de los videos del grupo), y los precios re buenos. Carola tomó ferné y me dio a probar, y yo pedí una chela para la colección. Me trajeron una de litro, y como el plan consistía en seguir andando luego o ir a carretear en otros bares, no podía permitirme tomarme eso en el primer bar, así que la cambié por algo más chico. Lo mínimo era una Quilmes de medio litro…
Como comenté era un bar de pool, así que después de comerme un sándwich (que estaba muy bueno y tenía casi de todo) nos pusimos a jugar bola 8. Las mesas funcionaban con monedas, 2 pesos (como 300 pesos chilenos), y debía jugarse bola 8, porque las pelotas van quedando guardadas cuando las metes, salvo la blanca que vuelve, por lo que si juegas otra cosas y metes más una bola, no las puedes sacar.
Yo soy malo para el pool, y Carola sabía jugar, pero no era seca (aunque se mandó unas jugadas espectaculares, seguidas normalmente de un fallo igual de espectacular), y al final terminé ganando 2 de las 3 partidas que jugamos (la primera no la ganó nadie porque la bola 8 no la metimos en la misma buchaca que la última del color), pero más que nada por suerte.
Como la vida nocturna de La Rioja era bastante nula, decidimos que el próximo paso sería ir a comprar hielo y buscar un lugar piola para tomarnos en Ferné que habíamos comprado en Córdoba (sí, ya, no conté cada detalle de lo que hicimos) y adelantar algo de camino hacia los parques que visitaríamos el día siguiente, pero no antes de pasar al casino. El casino era como el resto de la ciudad, super chico. Miramos un rato, jugamos unas fichas, Carola perdió y yo tuve la suerte de ganar en Black Jack (con Black Jack incluido), así que entre los 2 nos fuimos netos.
Partimos sin rumbo fijo, buscando en un mapa y folleto turístico recientemente adquirido en un hotel (de verdad) donde valdría la pena ir. Comenzamos hacia el sur, pensando en ir a una montaña del toro, creo que se llamaba, pero luego encontramos en el mapa una cuesta que Carola recordó haber pasado antes, que era de estilo casi selvático y que podría valer la pena recorrer, más aún considerando que probablemente al cerro no podríamos pasar de noche porque era parque nacional, así que cambiamos de rumbo. Sin embargo, no era la cuesta que ella recordaba, sino algo completamente distinto que tendríamos que descubrir en el camino...
Hasta acá por ahora, porque llevo mucho. Ya seguiré con el resto. ¿Sirven de algo los cliffhangers para dejarlos entusiasmados?
En la mañana nos levantamos relativamente tarde, como a las 10, si mal no recuerdo. Luego de una rica ducha, algo que durante todo el viaje, antes y después, estuvimos deseando constantemente, fuimos a buscar una casa de cambio para que Carola cambiara su plata. Acá hago un paréntesis sobre las duchas argentinas: en general son abiertas en el baño, al lado tienen una goma como esta para limpiar vidrios para ayudar a secar un poco el piso al final, y normalmente no tienen ni cortina, al menos eso me dijo Carola. En el baño de hombres del hostal había 2 duchas, una con y otra sin cortina, pero la verdad no había mayor diferencia. Estos argentinos están majaretas...
Dimos un par de vueltas a pie por el centro de Córdoba, encontramos la casa de cambios y seguimos mirando, Carola andaba tratando de encontrar unas botas y con ganas de comprarse algo, aunque no sabía qué. Al igual que Sol y Pável unos días antes, sugirió que buscara unos pantalones que no se me estuviesen cayendo. Claro, visto así no suena tan bien, pero si lo pongo en perspectiva de que cuando los compré me quedaban super bien, lo tomo como un cumplido de que estoy más flaco, aunque ella no lo haya pensado así :-) Estuvimos por ahí como hasta las 3, creo, nos topamos con una protesta de bancarios con cánticos bastante más animados que los que se ven por acá (o esa impresión me dio, no suelo meterme mucho en marchas) y el centro casi, casi desaparece otra vez, pero volvimos al auto sin problemas. Otra curiosidad es que en todas las cuadras hay por lo menos una “Playa”, o estacionamiento. No son tan grandes estos edificios, dos pisos a lo más, y está lleno. En las otras ciudades también vimos, pero no tantas.
Originalmente habíamos pensado quedarnos hasta más tarde en Córdoba y llegar a puro carretear a La Rioja, pero como ya estábamos más o menos listos y tanta hambre no teníamos, decidimos partir al tiro y aprovechar así de recorrer La Rioja antes del carrete. Compramos un par de sándwiches de milanesa, y entramos a una fuente de soda a pedir que los calentaran. Sinceramente yo pensaba que nos iban a mandar a la punta del cerro (cosa que no era tan fácil, porque como comentaba los cerros no abundan en el paisaje) porque no es muy buena educación eso de llevar comida propia al restaurante, pero como dije antes la gente allá es muy buena onda y lo hicieron amablemente, y hasta conversamos del calentamiento global con el cocinero.
Partimos pues, yo manejando, hacia La Rioja. Teníamos 2 opciones de camino, y elegimos el más largo por dos razones: pasaba por Jesús María, en donde vivían unos amigos de Carola que podríamos pasar a visitar, y porque también cruzaba un lago, así que tendríamos un super panorama. En el camino Carola prefirió no ir a ver a sus amigos porque no estaba tan segura de poder encontrar su casa, y quería intentar no llegar tan tarde a La Rioja.
El camino era super seco, pasamos por zonas de salar, para que repetirles que era increíblemente plano y que se veía hasta muuuuy lejos. Recuerdo ahí que nos paró una policía (como en todas las fronteras de estado) muy simpática, que nos dio instrucciones de cómo seguir. Lo divertido es que tenía un acento tan cantadito, que casi parecía que lo estuviera forzando. Hasta los carabineros son enteros buena onda allá, como que el viaje cambió mi percepción de los argentinos, para mejor. Parece que el problema son los porteños...

En el camino encontramos uno de los lugares que más me gustó del viaje, sin ser ninguna maravilla, y probablemente fue por lo extraño, inesperado y también por el momento del día en el que lo encontramos, que hizo que se viera más choro. Era un parador abandonado, donde había 2 buses desarmados y destartalados, al igual que un auto. Del auto no tengo fotos, de los buses sí. Aprovecho de explicar algo de las fotos que tanto piden con gente: tengo pocas fotos donde salgo yo por dos razones, porque en general no me gusta mucho tomarlas (y me agrada National Geographic), y porque para evitarnos problemas con Carola en vez de cambiarnos las cámaras a cada rato para tomarnos fotos donde apareciese el dueño, nos tomamos fotos “cruzadas” para luego pasarnos todas las fotos que cada uno tomó, cosa que aún no hacemos. Bueno, en la cámara de la Carola hay fotos del auto, quizás cuando las tenga subo alguna. En cualquier caso, creo que acá tomamos algunas de las fotos más choras del viaje (yo al menos).


Continuamos camino a La Rioja, y nunca nos topamos con el dichoso lago. Recién ahora, viendo un mapa más grande, veo que la mancha que aparecía en el otro que supusimos era un lago, realmente era un salar, o sea que pasamos por ahí todo el rato. La Rioja era una ciudad pequeña, me recordó al estilo de Quillota, bastante pueblerina, pero con una mayor periferia, quizás. Su “gracia” radicaba en la cantidad de motos que había. ¡Estaba lleno, repleto! Andaban de a 3 por moto, y cargando paquetes. Era efectivamente el medio de transporte de la ciudad, y se metían por cualquier lado. Nos dimos una vuelta por la ciudad, pensando en recorrerla, y cachamos rápidamente que era pequeñita. Lo que no era pequeño, al menos en comparación con la ciudad, era la universidad, que sin ser bonita era sumamente completa, con laboratorios para todo y una montonera de carreras. Aprovechamos de pasar al baño, y sorpresa, sorpresa, las tazas ni tapa tenían. De más está decir que papel higiénico tampoco... ¿Qué onda los argentinos y sus baños?

Carola tomó el volante, nos dimos una vuelta más por el centro y nos estacionamos con la intención de recorrer un poco y buscar comida, al menos para mí que había picoteado menos de la mitad del sándwich, porque iba manejando y eso no sé si me quita el hambre o hace que se me olvide que hay que comer, pero el asunto es que no comí casi nada. En eso encontramos un par de tiendas de ropa usada que tenía cosas muy baratas (aunque para mujeres), y carola salió con un par de vestidos y una falda. Había varios chaquetones muy bonitos y baratos (a 1.500, más o menos), que hubiese comprado para regalar incluso, pero estaban súper manchados, como teñidos, y no sé si hubiese salido.
Mientras nos echaban de la tienda por la hora, aprovechamos de preguntar por lugares a donde salir. La cara de extrañados de los dependientes confirmó las sospechas de que La Rioja era como el Quillota chileno (y explica por que Bolocco no estaba ni ahí con quedarse allá), y solo pudieron recomendarnos un lugar donde tocaban folklore argentino y El Cielo, un bar con pool. Y a ese segundo fuimos. En el camino vimos que había un casino (y un night club que Carola confundió con un hotel, por lo que cuando fue a pedir información turística no logró conseguir mucha) y quedamos de darnos una vuelta por ahí cuando estuviéramos más prendidos.
Al lado del Cielo, que ya no se llamaba así, a todo esto, había una feria de artesanía ecléctica en donde había de todo mezclado en una cuadra: muebles, comida, inciensos (llamados sahumerios), artesanías, ropa, libros... En general todo choro. Ahí tanto Carola como yo actualizamos nuestros bananos (allá riñoneras). El nuevo mío es bastante parecido al que tenía, pero de cuero y con un par de cierres más a los lados, y con uno menos “principal”. Me sorprendió luego notar que los cierres están hacia el otro lado, y debo decir que sudé un poquito frío, pero me tranquilicé cuando pensé que era conveniente para sacar los audífonos del reproductor de música.

Bueno, llegamos al cielo, y estaba súper piola. La música era ideal, clásicos del rock argentino (que luego trocaron por clásicos ochenteros, incluyendo una canción que no fui capaz de identificar y que tenía un video tan malo que quiero ubicar solo para ver el resto de los videos del grupo), y los precios re buenos. Carola tomó ferné y me dio a probar, y yo pedí una chela para la colección. Me trajeron una de litro, y como el plan consistía en seguir andando luego o ir a carretear en otros bares, no podía permitirme tomarme eso en el primer bar, así que la cambié por algo más chico. Lo mínimo era una Quilmes de medio litro…
Como comenté era un bar de pool, así que después de comerme un sándwich (que estaba muy bueno y tenía casi de todo) nos pusimos a jugar bola 8. Las mesas funcionaban con monedas, 2 pesos (como 300 pesos chilenos), y debía jugarse bola 8, porque las pelotas van quedando guardadas cuando las metes, salvo la blanca que vuelve, por lo que si juegas otra cosas y metes más una bola, no las puedes sacar.
Yo soy malo para el pool, y Carola sabía jugar, pero no era seca (aunque se mandó unas jugadas espectaculares, seguidas normalmente de un fallo igual de espectacular), y al final terminé ganando 2 de las 3 partidas que jugamos (la primera no la ganó nadie porque la bola 8 no la metimos en la misma buchaca que la última del color), pero más que nada por suerte.
Como la vida nocturna de La Rioja era bastante nula, decidimos que el próximo paso sería ir a comprar hielo y buscar un lugar piola para tomarnos en Ferné que habíamos comprado en Córdoba (sí, ya, no conté cada detalle de lo que hicimos) y adelantar algo de camino hacia los parques que visitaríamos el día siguiente, pero no antes de pasar al casino. El casino era como el resto de la ciudad, super chico. Miramos un rato, jugamos unas fichas, Carola perdió y yo tuve la suerte de ganar en Black Jack (con Black Jack incluido), así que entre los 2 nos fuimos netos.
Partimos sin rumbo fijo, buscando en un mapa y folleto turístico recientemente adquirido en un hotel (de verdad) donde valdría la pena ir. Comenzamos hacia el sur, pensando en ir a una montaña del toro, creo que se llamaba, pero luego encontramos en el mapa una cuesta que Carola recordó haber pasado antes, que era de estilo casi selvático y que podría valer la pena recorrer, más aún considerando que probablemente al cerro no podríamos pasar de noche porque era parque nacional, así que cambiamos de rumbo. Sin embargo, no era la cuesta que ella recordaba, sino algo completamente distinto que tendríamos que descubrir en el camino...
Hasta acá por ahora, porque llevo mucho. Ya seguiré con el resto. ¿Sirven de algo los cliffhangers para dejarlos entusiasmados?
lunes, mayo 25, 2009
Viaje a Argentina, Parte 1
Directo al grano, quizás otro día floree más la historia. Partimos de Santiago como a las 10 de la noche del miércoles 20. La idea era salir un poco antes, pero la Carola se atrasó por temas de pega y otras cosas, así que no se pudo no más, pero como íbamos sin itinerario fijo ni nada, daba lo mismo.
El viaje tuvo hartas cosas choras, raras y simpáticas, siendo la primera que entramos de ilegales a Argentina y estuvimos así por como 20 minutos o más, porque se nos pasó la aduana y seguimos de largo. Creo que durante la estadía en Argentina no nos pidieron ninguno de los papeles que después nos dieron en la aduana, así que en teoría habríamos podido seguir sin problemas. Sólo hubiésemos tenido problemas a la vuelta a Chile, porque legalmente nunca habríamos salido. Mal puesta la aduana Argentina, hay que tomar un desvío en el camino para entrar. Igual despistado yo que no vi la entrada, pero estaba esperando una barrera infranqueable, como en Chile. No, si quieres entrar ilegalmente a Argentina, es súper fácil…
De ahí la primera parada fue Uspallata para sacar plata, y no me funcionó el cajero. Por eso tuvimos que parar y darnos unas vueltas en Mendoza para encontrar un cajero automático poner bencina, cosa que costó porque probé como en 3 cajeros, que no me decían cual era el problema. Finalmente uno me dijo que excedía el máximo de giro diario (quería sacar 500 pesos, que son como 80 lucas, y el máximo es 200 lucas), lo que era super raro, pero al final pude sacar al menos 300 pesos. Probando los días siguientes caché que los cajeros automáticos argentinos están majaretas, porque podía sacar 2 veces el mismo monto, pasándome así en teoría del límite diario que me daba, pero no podía sacarlo de una. Bueno, esto debe haber sido como a las 7 de la mañana hora local, y llevaba su buen rato manejando, así que cambiamos de puesto con la Carola. Creo que a la salida de Mendoza (por un camino medio alternativo y no la carretera principal) dormí un poco, pero no estoy tan seguro.

El camino a Córdoba es increíble, totalmente plano, y llega un punto en el que no se ve NADA a ningún lado del camino, y el horizonte está lejísimo. En la noche esto también se notaba, porque se veían las luces de los autos en contra a una distancia increíble. El cielo se veía más grande, y más cercano. Aparte del camino y la pampa, era todo cielo. A todo esto, el tiempo era como si estuviésemos en verano…
Camino a Córdoba vimos un cartel de un parque nacional llamado Sierra de las Quijadas, que Carola no conocía, y como no teníamos planes ni horarios, decidimos ir. Primera sorpresa, los parque argentinos tienen precios diferenciados (y con mucha diferencia) para los locales y los extranjeros, e incluso para los de la misma provincia tienen un costo especial. De un modo fomenta el turismo local, lo que está bien, pero asumen que los extranjeros tienen más plata para gastar… Había 3 opciones de tour, uno autoguiado, uno con guía y caminata de 2 horas a una huella de dinosaurio, y otro de 4 horas a un lugar que se veía espectacular, pero que comenzaba a las 4 de la tarde y eran recién las 12, así que tomamos el más corto. El lugar era precioso, una vista espectacular, y formaciones de las sierras geniales. Espero poder ir nuevamente y tomar el tour largo, porque si el que hicimos era el más penca, lo otro tiene que ser sencillamente genial (y así lo parecía en las fotos). La huella de dinosaurio no me tinca tanto, la verdad, y puedo ver algo así más cerca en Pichasca.


Después del parque seguimos camino a Carlos Paz, cerca de Córdoba. Paramos antes en un pueblo llamado Villa Dolores a tratar de buscar comida, pero no encontramos porque los Argentinos después de las 3 cierran todo y no abren hasta la hora de comida. No es como acá que puede que no encuentres de todo lo que hay en el menú, sino que los restaurantes están totalmente cerrados… Ahí cambiamos de puesto nuevamente y manejé yo hasta Carlos Paz, mientras Carolina dormía. Se estaba perdiendo un paisaje precioso en la cuesta que cruzamos para llegar a la ciudad, pero ya lo había visto las otras veces que fue, por lo que no la desperté.

Carlos Paz era muy bonito, al lado del Lago San Roque, y me recordó un poco a Reñaca, pero con actitud de Pucón, aunque mucho más grande. Era una ciudad turística, pero que queda muy cerca de Córdoba, por lo que tiene actividad y hartos residentes todo el año. Después de una vuelta por el lago, seguimos a Córdoba con Carola manejando, ya que ella se manejaría mejor en la ciudad.
Llegamos cansados, así que la idea fue buscar donde quedarnos, donde comer, y luego ir a carretear. Encontramos un hostal, pero decidimos buscar otra opción para poder elegir, y de repente, sin ni si quera darnos cuenta, el centro desapareció y estábamos en, probablemente, el barrio más penca de Córdoba. Si durante el viaje preguntamos a quien nos topábamos por direcciones, acá no nos atrevimos a abrir las ventanas del auto. Después de varias vueltas (que nos llevaron a un sector del Parque Sarmiento, que es enorme y se veía muy choro), terminamos saliendo de Córdoba y volviendo a entrar. Carolina había impreso un mapa de la ciudad y yo llevé una brújula, así que eso nos ayudó a orientarnos y a volver a donde estábamos. Ya sin muchas ganas de buscar otro hostal (y con la mala suerte de no haber visto otro), nos quedamos en el primero que encontramos. Ya era super tarde, así que no pudimos comer donde queríamos y nos conformamos con una pizza, y el pequeño paseo extendido forzado por córdoba había dejado medio tenso el ambiente (my bad), por lo que salir a carretaer fue cambiado por ir a acostarse. El lugar era re piola, una habitación común en un hostal con gente re amable (todo córdoba parece que es muy simpático), pero creo que la próxima vez no voy a dormir en un dormitorio comunitario, porque las alarmas sonando a las 7 y 8 de la mañana, y la gente llegando a las 3 y 4 en la noche no ayudan a un sueño reparador cuando uno tiene el sueño liviano. En la mañana Carola me dijo que ella había dormido como lirón y que no había escuchado nada, suerte la suya. Tan buena onda era la gente, que incluso un par de uruguayos quedaron invitados a dormir en mi depto si pasaban por Santiago en su viaje a Chile, cortesía de la amistosa Carola que pasó el dato que alojo extranjeros, jajaja.
Mientras comimos pizza esa noche conversamos las opciones para el día siguiente, y sin llegar a comprometer nada, quedamos más o menos en que saldríamos tardecito a La Rioja y que la “recorreríamos” de noche, haciendo un tour de bares y carretes, pasando de largo, para seguir al parque Talampaya en la mañana. Pero las cosas no se dieron tal como lo habíamos pensado...
Bueno, hasta por acá llego ahora. Ese fue “el primer día” del viaje, considerando como día las dormidas, realmente. Quédese en línea para leer el segundo capítulo.
El viaje tuvo hartas cosas choras, raras y simpáticas, siendo la primera que entramos de ilegales a Argentina y estuvimos así por como 20 minutos o más, porque se nos pasó la aduana y seguimos de largo. Creo que durante la estadía en Argentina no nos pidieron ninguno de los papeles que después nos dieron en la aduana, así que en teoría habríamos podido seguir sin problemas. Sólo hubiésemos tenido problemas a la vuelta a Chile, porque legalmente nunca habríamos salido. Mal puesta la aduana Argentina, hay que tomar un desvío en el camino para entrar. Igual despistado yo que no vi la entrada, pero estaba esperando una barrera infranqueable, como en Chile. No, si quieres entrar ilegalmente a Argentina, es súper fácil…
De ahí la primera parada fue Uspallata para sacar plata, y no me funcionó el cajero. Por eso tuvimos que parar y darnos unas vueltas en Mendoza para encontrar un cajero automático poner bencina, cosa que costó porque probé como en 3 cajeros, que no me decían cual era el problema. Finalmente uno me dijo que excedía el máximo de giro diario (quería sacar 500 pesos, que son como 80 lucas, y el máximo es 200 lucas), lo que era super raro, pero al final pude sacar al menos 300 pesos. Probando los días siguientes caché que los cajeros automáticos argentinos están majaretas, porque podía sacar 2 veces el mismo monto, pasándome así en teoría del límite diario que me daba, pero no podía sacarlo de una. Bueno, esto debe haber sido como a las 7 de la mañana hora local, y llevaba su buen rato manejando, así que cambiamos de puesto con la Carola. Creo que a la salida de Mendoza (por un camino medio alternativo y no la carretera principal) dormí un poco, pero no estoy tan seguro.

El camino a Córdoba es increíble, totalmente plano, y llega un punto en el que no se ve NADA a ningún lado del camino, y el horizonte está lejísimo. En la noche esto también se notaba, porque se veían las luces de los autos en contra a una distancia increíble. El cielo se veía más grande, y más cercano. Aparte del camino y la pampa, era todo cielo. A todo esto, el tiempo era como si estuviésemos en verano…
Camino a Córdoba vimos un cartel de un parque nacional llamado Sierra de las Quijadas, que Carola no conocía, y como no teníamos planes ni horarios, decidimos ir. Primera sorpresa, los parque argentinos tienen precios diferenciados (y con mucha diferencia) para los locales y los extranjeros, e incluso para los de la misma provincia tienen un costo especial. De un modo fomenta el turismo local, lo que está bien, pero asumen que los extranjeros tienen más plata para gastar… Había 3 opciones de tour, uno autoguiado, uno con guía y caminata de 2 horas a una huella de dinosaurio, y otro de 4 horas a un lugar que se veía espectacular, pero que comenzaba a las 4 de la tarde y eran recién las 12, así que tomamos el más corto. El lugar era precioso, una vista espectacular, y formaciones de las sierras geniales. Espero poder ir nuevamente y tomar el tour largo, porque si el que hicimos era el más penca, lo otro tiene que ser sencillamente genial (y así lo parecía en las fotos). La huella de dinosaurio no me tinca tanto, la verdad, y puedo ver algo así más cerca en Pichasca.


Después del parque seguimos camino a Carlos Paz, cerca de Córdoba. Paramos antes en un pueblo llamado Villa Dolores a tratar de buscar comida, pero no encontramos porque los Argentinos después de las 3 cierran todo y no abren hasta la hora de comida. No es como acá que puede que no encuentres de todo lo que hay en el menú, sino que los restaurantes están totalmente cerrados… Ahí cambiamos de puesto nuevamente y manejé yo hasta Carlos Paz, mientras Carolina dormía. Se estaba perdiendo un paisaje precioso en la cuesta que cruzamos para llegar a la ciudad, pero ya lo había visto las otras veces que fue, por lo que no la desperté.

Carlos Paz era muy bonito, al lado del Lago San Roque, y me recordó un poco a Reñaca, pero con actitud de Pucón, aunque mucho más grande. Era una ciudad turística, pero que queda muy cerca de Córdoba, por lo que tiene actividad y hartos residentes todo el año. Después de una vuelta por el lago, seguimos a Córdoba con Carola manejando, ya que ella se manejaría mejor en la ciudad.
Llegamos cansados, así que la idea fue buscar donde quedarnos, donde comer, y luego ir a carretear. Encontramos un hostal, pero decidimos buscar otra opción para poder elegir, y de repente, sin ni si quera darnos cuenta, el centro desapareció y estábamos en, probablemente, el barrio más penca de Córdoba. Si durante el viaje preguntamos a quien nos topábamos por direcciones, acá no nos atrevimos a abrir las ventanas del auto. Después de varias vueltas (que nos llevaron a un sector del Parque Sarmiento, que es enorme y se veía muy choro), terminamos saliendo de Córdoba y volviendo a entrar. Carolina había impreso un mapa de la ciudad y yo llevé una brújula, así que eso nos ayudó a orientarnos y a volver a donde estábamos. Ya sin muchas ganas de buscar otro hostal (y con la mala suerte de no haber visto otro), nos quedamos en el primero que encontramos. Ya era super tarde, así que no pudimos comer donde queríamos y nos conformamos con una pizza, y el pequeño paseo extendido forzado por córdoba había dejado medio tenso el ambiente (my bad), por lo que salir a carretaer fue cambiado por ir a acostarse. El lugar era re piola, una habitación común en un hostal con gente re amable (todo córdoba parece que es muy simpático), pero creo que la próxima vez no voy a dormir en un dormitorio comunitario, porque las alarmas sonando a las 7 y 8 de la mañana, y la gente llegando a las 3 y 4 en la noche no ayudan a un sueño reparador cuando uno tiene el sueño liviano. En la mañana Carola me dijo que ella había dormido como lirón y que no había escuchado nada, suerte la suya. Tan buena onda era la gente, que incluso un par de uruguayos quedaron invitados a dormir en mi depto si pasaban por Santiago en su viaje a Chile, cortesía de la amistosa Carola que pasó el dato que alojo extranjeros, jajaja.
Mientras comimos pizza esa noche conversamos las opciones para el día siguiente, y sin llegar a comprometer nada, quedamos más o menos en que saldríamos tardecito a La Rioja y que la “recorreríamos” de noche, haciendo un tour de bares y carretes, pasando de largo, para seguir al parque Talampaya en la mañana. Pero las cosas no se dieron tal como lo habíamos pensado...
Bueno, hasta por acá llego ahora. Ese fue “el primer día” del viaje, considerando como día las dormidas, realmente. Quédese en línea para leer el segundo capítulo.
jueves, abril 30, 2009
Habemus Autus!
Efectivamente, compre finalmente un auto, y ahora viene el proceso de ponerle nombre.
Algunos supieron que originalmente pensaba comprar un Volkswagen Golf Cabriolet del 87 (porque del 82 no hay en Chile, y son prácticamente iguales). Ese auto iba a llamarse Mr. Steele (por obvias razones), pero luego de probar un par noté que por bonitos que se vean por fuera, han envejecido bastante y ya no están en las mismas condiciones que hace 20 años, tal como el actor que representaba al personaje homónimo. Ergo, cambio de auto y con eso automático cambio de nombre.
Luego estuve pensando en un Suzuki Ignis 4x4 (porque el SX4 y el VW Crossfox se escapaban de lo que quería gastar, ya que son autos que a pesar de ser pequeños no tienen más de 2 años en el mercado), y en la calle vi uno negro bien choro. Capitán Flint, sería su nombre, y con él aterrorizaría las 7 carreteras, tendría un amor en cada pueblo, saquearía todos los tesoros y anclaría en muchos puertos. Sin embargo, no después de probar uno caché que no eran muy firmes, y no logré encontrar uno 4x4, sólo tracción delantera, que no tienen mucha potencia.
Finalmente terminé en algo que había visto en un comienzo antes de cuestionarme tanto, un VW Polo. El problema es que el que compré es de color plata, y no tenía el aspecto para aterrorizar las 7 carreteras y todo lo demás, por lo que Capitán Flint no le venía… No era un barco… pero creo que tiene las caracterísiticas para ser otra nave, y si no me puede llevar a saquear tesoros, definitivamente puede acompañarme a donde ningún hombre (Schmauk al menos) ha llegado antes… Enterprise se me cruzó por la mente, pero quiero un compañero más que un objeto, así que no le puedo poner nombre de cosa. Entonces, gente, les presento a la nueva nave de la flota, el YH-1400 Capitán Kirk!





En algo totalmente no relacionado, un artículo que prueba que incluso la cerveza puede ser dañina en grandes cantidades, vía Sasha http://www.cabovolo.com/2009/03/cuando-la-cerveza-inundo-un-barrio-de.html
Algunos supieron que originalmente pensaba comprar un Volkswagen Golf Cabriolet del 87 (porque del 82 no hay en Chile, y son prácticamente iguales). Ese auto iba a llamarse Mr. Steele (por obvias razones), pero luego de probar un par noté que por bonitos que se vean por fuera, han envejecido bastante y ya no están en las mismas condiciones que hace 20 años, tal como el actor que representaba al personaje homónimo. Ergo, cambio de auto y con eso automático cambio de nombre.
Luego estuve pensando en un Suzuki Ignis 4x4 (porque el SX4 y el VW Crossfox se escapaban de lo que quería gastar, ya que son autos que a pesar de ser pequeños no tienen más de 2 años en el mercado), y en la calle vi uno negro bien choro. Capitán Flint, sería su nombre, y con él aterrorizaría las 7 carreteras, tendría un amor en cada pueblo, saquearía todos los tesoros y anclaría en muchos puertos. Sin embargo, no después de probar uno caché que no eran muy firmes, y no logré encontrar uno 4x4, sólo tracción delantera, que no tienen mucha potencia.
Finalmente terminé en algo que había visto en un comienzo antes de cuestionarme tanto, un VW Polo. El problema es que el que compré es de color plata, y no tenía el aspecto para aterrorizar las 7 carreteras y todo lo demás, por lo que Capitán Flint no le venía… No era un barco… pero creo que tiene las caracterísiticas para ser otra nave, y si no me puede llevar a saquear tesoros, definitivamente puede acompañarme a donde ningún hombre (Schmauk al menos) ha llegado antes… Enterprise se me cruzó por la mente, pero quiero un compañero más que un objeto, así que no le puedo poner nombre de cosa. Entonces, gente, les presento a la nueva nave de la flota, el YH-1400 Capitán Kirk!





En algo totalmente no relacionado, un artículo que prueba que incluso la cerveza puede ser dañina en grandes cantidades, vía Sasha http://www.cabovolo.com/2009/03/cuando-la-cerveza-inundo-un-barrio-de.html
miércoles, abril 29, 2009
Vienen los Beatles!!!
Bueno, casi. Viene un tributo que se supone es muy bueno. ¿Alguien quiere ir? Estoy como para pagar algo mejor que lo más barato en este... Es el 21 de Junio, en teoría tienen tiempo para ahorrar. Ya pues, que alguien se anime! Si no, supongo que mi hermana igual podría interesarse... Info en Emol
También viene Momix, y también me gustaría ir. Es harto más caro, y para que valga la pena hay que ir a una buena ubicación. ¿Alguien aperrará? Creo que las últimas veces que ha venido he ido a verlo, y es realmente espectacular, algo que no se ve muy seguido.
Miren este ajedrez. Está genial, super simple la idea, pero se ve muy bonito. No sé si es algo real, o algo conceptual, o qué, pero quiero uno. Si ven alguno a la venta, me avisan. O si alguien le pega a las artes manuales... Si no, de más que termino haciendo uno en madera. Claro que imposible que me quede así de pro sin dedicarle mucho tiempo...

Vía Microsiervos
A todo esto, en la página de la foto (la original, no microsiervos) hay otras cosas super choras. Por ejemplo están las palabras como imágenes, el mundo paralelo, el tipo de letra para leer en cualquier dirección (aunque muy enredado) y el reloj redundante, que está genial. Diseñadores que leen el blog (debe haber cientos!), deben ver esto. El resto también, obviamente, pero mientras al resto nos impresiona, a los diseñadores los hace sentir poco creativos :-P
También viene Momix, y también me gustaría ir. Es harto más caro, y para que valga la pena hay que ir a una buena ubicación. ¿Alguien aperrará? Creo que las últimas veces que ha venido he ido a verlo, y es realmente espectacular, algo que no se ve muy seguido.
Miren este ajedrez. Está genial, super simple la idea, pero se ve muy bonito. No sé si es algo real, o algo conceptual, o qué, pero quiero uno. Si ven alguno a la venta, me avisan. O si alguien le pega a las artes manuales... Si no, de más que termino haciendo uno en madera. Claro que imposible que me quede así de pro sin dedicarle mucho tiempo...
Vía Microsiervos
A todo esto, en la página de la foto (la original, no microsiervos) hay otras cosas super choras. Por ejemplo están las palabras como imágenes, el mundo paralelo, el tipo de letra para leer en cualquier dirección (aunque muy enredado) y el reloj redundante, que está genial. Diseñadores que leen el blog (debe haber cientos!), deben ver esto. El resto también, obviamente, pero mientras al resto nos impresiona, a los diseñadores los hace sentir poco creativos :-P
lunes, abril 27, 2009
En el que para olvidar una desilusión, el protagonista va de paseo con 2 personas, con quienes pasa hambre, descubre fósiles, y más cosas que no caben
El viernes decidí que auto quería, que estaba dispuesto a pagar el valor y quedé contento, pero esperé hasta el sábado para conversar con mi papá, y para ver si aparecía por ahí alguna oferta mejor. A eso de las 4 llamé al dueño del auto para avisarle que lo compraba, y me informó que lo había vendido el viernes. Quedé tostado, más que por el hecho de haberlo perdido porque tendría que empezar el proceso de nuevo, y buscar y mirar autos. Más encima después caché que no hay muchos en oferta de los que me interesan.
Para pasar la lata, el domingo decidí ir al cajón del Maipo, aprovechando que mi papá me dejó su auto para facilitar mi búsqueda del mío. Al viaje se sumó Emilio, y en último minuto Sol. La otra Sol fue invitada también, pero tenía que estudiar.
Partimos tarde, pasado las 2, y no habíamos almorzado ni tomado desayuno, lo que implicó que andábamos con hambre (bueno, Sol y yo, Emilio sí almorzó). Sol con hambre puede ser bastante insistente, así que paramos a medio camino a comprar empanadas, pero se demoraron un poco en estar listas, así que cada uno hizo lo que pudo por proveerse de comida. También aprendimos a hacer trampas para avispas de color fosforescente. Pueden verlo en las fotos que pondré al final.
Luego de una terrible discusión, se tomó conjuntamente la decisión de llevarnos la comida de ahí y buscar un buen y bonito lugar para almorzar. La primera intención era conocer algo llamado Los Rodados, pero era una porquería y terminamos en un portón, dándonos una vuelta complicada (flashbacks de Cochiguaz, pero sin barranco a un lado ni río al otro). Segunda opción era ir por el camino a Las Melosas, el cual fue difícil de encontrar y al que entramos casi por casualidad.
El camino era bien choro, pero el impacto se alcanzó al llegar a un puente con un excelente paisaje a cada lado. Nos estacionamos, tomamos fotos, y partimos bajando hacia el río para encontrar el lugar ideal para finalmente comer algo. ¡Vaya sí lo encontramos! Colores rojos y naranjos, con piedras que parecían tener arterias, caídas de agua pequeñas pero bonitas, pozones de agua amarilla (bueno, el color no era muy vivificante, pero iba con el paisaje) y rocas grabadas por el agua y el viento que formaban estructuras extrañas que parecían fósiles prehistóricos. Miren las fotos y vean que animales o cosas descubren ustedes.
Un poco más abajo llegamos al lugar que se veía desde el puente, y desde abajo era impresionante, toda una galería llena de agua tranquilísima flanqueada por estas murallas talladas por la erosión. Lo único que podía alterar esa tranquilidad era el monstruo que dormía bajo las aguas, del cual sólo veíamos su espalda. Emilio se empeñó en despertarlo lanzándole piedras, pero no lo logramos. Lo más cerca que estuvimos de darle fue en la cola, pero al parecer no fue suficiente. Menos mal, porque cuando seguimos el camino, más adelante vimos algunas de las cosas que había hecho y alteraciones al paisaje, por lo que claramente enojarlo no era una buena alternativa.
Luego de levantar mi mano al cielo y jurar con Dios como testigo que volvería a ese lugar más temprano, con cuerda y traje de baño para meterme hasta donde quería llegar, seguimos viaje. En el camino encontramos otras caídas de agua, un espectacular asentamiento de carabineros que parecía más club de campo que lugar de entrenamiento y hasta sargento cocinero tenía y una construcción evanescente que sólo Sol vio (sí, Sol, si sabemos que existía).
Se empezó a hacer tarde, pero seguimos igual. El camino empeoró progresivamente (cosa que la barriga del auto debe estar lamentando) y llegamos a un portón. No decía recinto privado ni “No Pasar”, así que sentimos eso como una invitación para abrirlo y seguir adelante, cosa que hicimos. No a mucho andar nos topamos con el lugar donde todas las cabras del mundo van a dormir, y más adelante, ya con una oscuridad total, se nos apareció una vaca satánica que nos veía con una mirada infernal. Emilio trató de fotografiarla, pero desapareció frente a nuestros ojos, como la construcción fantasma de Sol. Después notamos que tenía un ternerito infernal, lo que hizo que pareciera hasta tierna, aunque igual por un momento pensé que nos iba a pedir que cantáramos la mejor canción del mundo.
Llegamos hasta donde al parecer el camino tomaba una curva que hacía que se devolviera o empezara a subir, y como ya era tarde, estaba oscuro y el camino parecía empeorar, nos devolvimos. Pasamos a ver más de cerca las cascadas del camino, cosa que logramos hacer gracias a una potente linterna que incluso alcanzaba para señalar estrellas. Sol dijo nuevamente que vio una estrella fugaz (sí, Sol, era de verdad), y con Emilio vimos un satélite.
En resumen, un buen paseo, se me pasó la molestia con la perdida del auto, pero me reforzó las ganas de tener uno. También me hizo pensar que uno más alto podría no ser mala idea…
Las fotos: http://picasaweb.google.es/ermordung/CaminoLasMelosas
Para pasar la lata, el domingo decidí ir al cajón del Maipo, aprovechando que mi papá me dejó su auto para facilitar mi búsqueda del mío. Al viaje se sumó Emilio, y en último minuto Sol. La otra Sol fue invitada también, pero tenía que estudiar.
Partimos tarde, pasado las 2, y no habíamos almorzado ni tomado desayuno, lo que implicó que andábamos con hambre (bueno, Sol y yo, Emilio sí almorzó). Sol con hambre puede ser bastante insistente, así que paramos a medio camino a comprar empanadas, pero se demoraron un poco en estar listas, así que cada uno hizo lo que pudo por proveerse de comida. También aprendimos a hacer trampas para avispas de color fosforescente. Pueden verlo en las fotos que pondré al final.
Luego de una terrible discusión, se tomó conjuntamente la decisión de llevarnos la comida de ahí y buscar un buen y bonito lugar para almorzar. La primera intención era conocer algo llamado Los Rodados, pero era una porquería y terminamos en un portón, dándonos una vuelta complicada (flashbacks de Cochiguaz, pero sin barranco a un lado ni río al otro). Segunda opción era ir por el camino a Las Melosas, el cual fue difícil de encontrar y al que entramos casi por casualidad.
El camino era bien choro, pero el impacto se alcanzó al llegar a un puente con un excelente paisaje a cada lado. Nos estacionamos, tomamos fotos, y partimos bajando hacia el río para encontrar el lugar ideal para finalmente comer algo. ¡Vaya sí lo encontramos! Colores rojos y naranjos, con piedras que parecían tener arterias, caídas de agua pequeñas pero bonitas, pozones de agua amarilla (bueno, el color no era muy vivificante, pero iba con el paisaje) y rocas grabadas por el agua y el viento que formaban estructuras extrañas que parecían fósiles prehistóricos. Miren las fotos y vean que animales o cosas descubren ustedes.
Un poco más abajo llegamos al lugar que se veía desde el puente, y desde abajo era impresionante, toda una galería llena de agua tranquilísima flanqueada por estas murallas talladas por la erosión. Lo único que podía alterar esa tranquilidad era el monstruo que dormía bajo las aguas, del cual sólo veíamos su espalda. Emilio se empeñó en despertarlo lanzándole piedras, pero no lo logramos. Lo más cerca que estuvimos de darle fue en la cola, pero al parecer no fue suficiente. Menos mal, porque cuando seguimos el camino, más adelante vimos algunas de las cosas que había hecho y alteraciones al paisaje, por lo que claramente enojarlo no era una buena alternativa.
Luego de levantar mi mano al cielo y jurar con Dios como testigo que volvería a ese lugar más temprano, con cuerda y traje de baño para meterme hasta donde quería llegar, seguimos viaje. En el camino encontramos otras caídas de agua, un espectacular asentamiento de carabineros que parecía más club de campo que lugar de entrenamiento y hasta sargento cocinero tenía y una construcción evanescente que sólo Sol vio (sí, Sol, si sabemos que existía).
Se empezó a hacer tarde, pero seguimos igual. El camino empeoró progresivamente (cosa que la barriga del auto debe estar lamentando) y llegamos a un portón. No decía recinto privado ni “No Pasar”, así que sentimos eso como una invitación para abrirlo y seguir adelante, cosa que hicimos. No a mucho andar nos topamos con el lugar donde todas las cabras del mundo van a dormir, y más adelante, ya con una oscuridad total, se nos apareció una vaca satánica que nos veía con una mirada infernal. Emilio trató de fotografiarla, pero desapareció frente a nuestros ojos, como la construcción fantasma de Sol. Después notamos que tenía un ternerito infernal, lo que hizo que pareciera hasta tierna, aunque igual por un momento pensé que nos iba a pedir que cantáramos la mejor canción del mundo.
Llegamos hasta donde al parecer el camino tomaba una curva que hacía que se devolviera o empezara a subir, y como ya era tarde, estaba oscuro y el camino parecía empeorar, nos devolvimos. Pasamos a ver más de cerca las cascadas del camino, cosa que logramos hacer gracias a una potente linterna que incluso alcanzaba para señalar estrellas. Sol dijo nuevamente que vio una estrella fugaz (sí, Sol, era de verdad), y con Emilio vimos un satélite.
En resumen, un buen paseo, se me pasó la molestia con la perdida del auto, pero me reforzó las ganas de tener uno. También me hizo pensar que uno más alto podría no ser mala idea…
Las fotos: http://picasaweb.google.es/ermordung/CaminoLasMelosas
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