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domingo, enero 23, 2011

Santuario de la Naturaleza El Arrayán


En el Santuario de la Naturaleza hay múltiples senderos, pero sólo hay un cendero, y fue ese el que el azar quiso que siguiéramos. No sé del resto, pero sí creo que la diosa fortuna nos tendió una mano esta vez, pues en una caminata corta bordeando el río pudimos encontrarnos con bonitos paisajes sacados de diferentes películas del viejo oeste, cactus marcianos y un buen lugar para refrescarnos.

Fue un paseo tranquilo, porque la semana pasada yo había quedado medio molido con el asado en el cerro San Cristóbal y la caminata por el Río Clarillo, porque Emilio y yo nos levantamos a las 3:30 AM para ir a buscar a una amiga francesa de su familia, la que llegó pasadas las 5 de la mañana y decidió partir directamente a Viña, por lo que nuestra ida a buscar solo sirvió para conocer a la versión francesa de Coté Santana, y porque Elise no se sentía muy bien.
El lugar estaba lleno, o eso pensé cuando llegué. La mayoría de la gente no parecía interesada en caminar, sino en hacer un picnic y disfrutar al lado (o dentro) del estero. Está bien equipado el lugar, hay parrillas, mesas y buenos baños. “Calamos” una mesa dejando el auto al lado, y decidimos ir a dar una vuelta para volver luego a almorzar y descansar junto al río.
Por sugerencia de Emilio seguimos un camino que nos llevó a unos carteles anunciando unas termas (que se veían poco creíbles, y nunca llegamos a encontrar), y el “cendero baño de la cal”. 
A pesar de no haber termas, sí había varios lugares donde bañarse, algunos ya ocupados, otros de difícil acceso, pero finalmente encontramos nuestro espacio. José Ignacio fue el primero en entrar al agua, y no dudamos mucho en seguirlo a pesar de lo helada que estaba, pero fue Elise la primera valiente en realmente meterse al río, sentándose tranquilamente y dejando que el agua fresca de la montaña la refrescara. Ante eso, no quedó más que sacarse la ropa y meternos todos de similar manera, para dejar bien parados a los nacionales (y venezolanos, claro). Fotos por acá, fotos por allá, nos secamos y nos devolvemos.
¿Dije que estaba lleno cuando llegamos? ¡Qué equivocado estaba! Claramente cabía mucha más gente, porque el lugar ahora sí estaba repleto. Además, alguien había ocupado nuestra mesa, pensando que el auto estaba ahí solo por la sombra. No importó demasiado, tomamos la comida y partimos hacia la rivera del río, donde nos instalamos a comer a la sombra. Los sándwiches estaban originales y deliciosos (mortadela/legucha y alcachofa palta), las galletas caseras de Elise estaban de muerte (miel y mantequilla de maní) y los nectarines plátano refrescantes. ¿Y después de un rico almuerzo? Pues una reponedora siesta junto al río.  El sol me despertó antes de tiempo, pero aproveché de leer mientras el resto descansaba. 
 A eso de las 5, tomamos nuestras cosas y partimos de vuelta.
Además del paseo bonito y la buena compañía, aproveché de probar la cámara, y tratar de aprender a usarla mejor. Claramente aún me falta bastante, y hay ciertas funciones que sólo se aplican en ciertos modos. Quizás debería repasar más concienzudamente el manual. A pesar que cuando tomé las fotos no quedé del todo contento, al verlas ahora en el computador noto que efectivamente son muy bonitas, y el problema es que en la pantalla, y por el sol, no lograban verse bien (por eso echo de menos el visor óptico de la otra cámara).
Todo súper, valió la pena, probablemente lo mejor que se podía hacer este fin de semana, pero aún así siempre hay algo que se extraña que podría haber hecho el paseo aún mejor :–S

domingo, enero 16, 2011

Reserva Nacional Río Clarillo

Llevo ya casi 2 años con auto, y aún hay lugares de los alrededores de Santiago que me falta por conocer. Hoy fui a uno de esos, la Reserva Natural Río Clarillo. Sinceramente, no esperaba mucho más que unos lugares de camping junto al río, pero me sorprendió gratamente.
Además de los sectores de camping, todos ocupados cuando llegamos pero que no teníamos intención de usar, tiene 4 senderos autoguiados para recorrer, todos con distintos puntos interesantes que hace que valga la pena visitarlos todos.
El primero por el que pasamos fue el más corto cercano a la entrada, dedicado exclusivamente a mostrar las diferentes especies de árboles que se encuentran en la reserva, y en la zona en general. Vegetación esclerófila, principalmente, como notamos por los montones de carteles que lo recalcaron. Entre los árboles, encontramos varios de uso en la cocina (pimiento, laurel, matico) y hartos barrios cercanas (quisco, algarrobo).
El siguiente sendero, justo frente a la salida del primero nos llevó a un centro de estudio ambiental, que se veía bonito de afuera pero lamentablemente estaba cerrado, a un mirador a 1.000 metros sobre el nivel del mar que daba una buena vista del cajón del río Clarillo y del valle al fondo, y por una zona un poco más húmeda de vegetación, lo que generaba más variedad. No esperaba toparme con muchos animales, pero me sorprendió toparme varias veces con una especie de lagartija tamaño familiar, que gracias a los instructivos carteles desplegados en las diferentes estaciones de los senderos aprendí que eran Liguanas. De paso, en este sendero me di un gran cabezazo con una rama furtiva que me dejó literalmente como Harry Potter. Ya puedo sentir como me van a molestar en la oficina, donde son tan ocurrentes (!)
El tercero fue el más largo, y el más bonito. Subía más alto que el anterior, pero por la otra ribera del río, y tenía muchos sectores abiertos desde donde apreciar el paisaje. En ese momento recordé que mi celular tomaba fotos, así que lo aproveché (antes solo use la Smena 8M, que está cargada en este momento con un rollo balanco y negro, lo que no era muy óptimo para un paseo de este tipo, diría que esos rollos hay que usarlos para fotografiar personas u objetos) creo que de buena manera.
La entrada al parque son $2.500, y si se quiere usar las zonas de picnic (bastante buenas y amplias, aunque sin lugar para asado) hay que llegar temprano porque se copan de gente del sector que va principalmente a aprovechar el río para refrescarse un rato.
Próxima semana, Laguna Aculeo, Santuario de la Naturaleza El Arrayán o quizás las Melosas en el Cajón del Maipo. Ojalá ese viaje lo haya ya con cámara de fotos nueva y la aproveche.





lunes, octubre 18, 2010

Las Profecías de Alcania





He aquí la primera saga de fantasía de Colombia, Las Profecías de Alcania, cuyo primer libro se titula Las Armas Legendarias.
Normalmente uno no suele esperar gran literatura en las sagas de fantasía, más aún cuando claramente se están haciendo para aprovechar una moda. Basta con que la historia sea entretenida, y que estén decentemente escritas.  Ni idea como será la historia de esta saga (aunque debo decir que me molesta bastante que partan anunciándola como saga cuando quizás le va pésimo al libro y no saquen ninguno más), pero está escrito como la corneta. O eso es al menos lo que deduzco de los 2 primeros párrafos (y si hubiese sido el editor que escogió esta novela, yo no hubiese leído ni el segundo, pero para ver que tan mal seguía, lo hice).
Así que acá les dejo la página, y algunos comentarios después.
En los libros sobre cómo escribir, y en la mayoría de los cursos al respecto, una de las reglas que siempre se repite es la de evitar, en la medida de lo posible, los adverbios. Suelen aportar poco, distraer, redundar y a veces mostrar que el autor no sabe como más describir una escena. Claro, estas son solo guías para escribir bien, no normas que hay que seguir 100%, pero creo que un escritor novel debería intentar seguirlas al máximo, ya que si te lo dice un tipo que escribe bien y que ha vendido millones de libros, y que cada vez que revisa trata de borrar los adverbios que se le escapan en su prosa, por algo será. También hay que considerar que hay adverbios que quedan bien, o que uno no encuentra como reemplazarlos adecuadamente para no perder el flujo de la narración. No sabría si en el caso de este libro el autor jamás leyó algo por el estilo, o consideró que ese adverbio era la única manera de relatar la escena, pero el asunto es que comienza su novela con un adverbio. De entrada, como diciendo que se va a pasar cualquier convención de escritura por donde se le plazca. En mi humilde opinión, era un adverbio perfectamente prescindible.
 Sigamos. La oscuridad se escurría “como persiguiendo a un hombre”. Una comparación de cómo la oscuridad se escurre… Ok… Hay mejores maneras de narrar eso, pero bueno.  Ahora vemos que es como persiguiendo a un hombre que corría por un corredor buscando a su esposa.  Bien específica la comparación… Ahora, ¿Corría por un corredor? En el mismo Word encuentro varios sinónimos para corredor: galería, pórtico, claustro. Ok, no son muy buenos. Pasillo ya está en el párrafo, no puedo repetirlo, pero busquemos sinónimos de esa palabra en word:  pasaje, pasadizo, callejón, recoveco, calle, atajo… Y bueno, mucho de donde elegir
Si seguimos leyendo, nos enteramos dos líneas más abajo que ¡el hombre de la comparación específica sí existe! Entonces se vuelve la comparación más tonta de la vida. Ya no es comparación, nos estaban presentando al personaje de modo misterioso. Uuuhhh…
Aldort, Asgrat, Etnamaid. Ok, este va a ser uno de esos libros en los que no se pueden pronunciar a los personajes ni los lugares, jupi. ¿Quién habrá dado la idea de que eso genera buena fantasía?
En el segundo párrafo nos damos cuenta que el autor consideró que Aldort no era buen nombre para su personaje (¿el principal?), así que lo cambió por Algort. También nos enteramos que a pesar de ser el rey de los hechiceros, el tipo no sabe ni entiende nada. Esperemos que sea un cargo heredado por sangre, porque si es electo rey de los hechiceros, no me quiero ni imaginar lo inútil del resto. “La verdad era que en ese momento eso no importaba”. ¿Suena bien? Por alguna razón a mí no. La mezcla del era, ese y eso me choca, y es fácilmente arreglable. ¿Dónde mierda está el editor con criterio que pide revisiones y nuevas versiones?
¿Notaron que a pesar de ser el único en el castillo, hay una enorme cantidad de gente aún en él? Sus hijos, sus súbditos…
¿Qué dicen del “tras abrir puerta tras puerta”? Dos usos distintos para el tras, ¿por qué no cambiar alguno?
Bueno, menos mal que la foto solo cubrió eso, si no, quizás cuanto más hubiera seguido pelando. Lo divertido es que le echo más la culpa a quién decidió editarlo y publicarlo que al autor, porque un escritor siempre puede ser malo y su ego le impide verlo, pero ¡mierda!, para eso se supone que hay alguien que revisa y elige lo que se publica.

miércoles, febrero 17, 2010

Paying it Forward

Hace poquito más de un año (mira, podría revisar mi blog para ver la fecha exacta. El 2 de febrero del año pasado) fui por primera vez al cajón del Maipo porque una practicante, ahora una amiga, me invitó a conocerlo. Ayer, en vez de devolverle la mano a ella, llevé a un par de chicas de la pega que tampoco conocían a exactamente el mismo lugar al que fui el año pasado, y espero que en el futuro ellas hagan lo mismo por alguien más (sí, como si fuera a pasar).

La cascada estaba bonita, pero llegamos demasiado tarde y estaba a oscuras, menos mal que andaba con linterna o si no nica nos devolvemos de allá. Tengo la sensación de que tenía más agua que la otra vez, y eso es bueno. A la vuelta paramos a instalar el telescopio y ver las estrellas. Aunque pudimos ver con el telescopio, salió más fácil con los binoculares. Tengo que aprender a manejar y enfocar mejor con el telescopio…

Como llegamos tarde, no hay muchas fotos. Acá dejo un par que no se ven taaaaaan pencas.




jueves, julio 30, 2009

Viaje a Argentina, Parte 2

Nos encontrábamos en la aduana, sin poder continuar a Argentina. La opción era quedarse dando vueltas por el sector, conocer Chañaral, Pan de Azucar y esas cosas, o aperrar y subir hasta San Pedro de Atacama para cruzar por Jama, suponiendo que estuviese abierto. Adivinen que elegimos... Igual antes le preguntamos al carabinero de ahí si estaba abierto el otro paso...

Continuamos entonces el camino, bajando por el norte hacia Chañaral. El camino estaba mucho mejor, más amplio y despejado de nieve. La vista era espectacular, con 3 volcanes cercanos y montones de cerros nevados rodeándonos, además de pasar por un salar enorme, aunque no se distinguía muy bien entre tanta nieve. Por ahí paramos a tomarnos una sopa y una foto, y Carola hizo angelitos de nieve.



Como a las 6 ó 7 llegamos a Chañaral, donde pasamos a ducharnos y a comer. Por 2 lucas teníamos un “almuerzo” que incluía cazuela de vacuno de entrada, y un plato de fondo bien contundente. Eso es comida barata!

A la salida hicimos cambio de conductor, y continuamos. Creo que dormí bastante bien, y me desperté cuando echamos bencina y luego cuando llegamos a las salitreras. Carola se fue “sola” todo ese rato, creo, tiene una constitución para manejar increíble, más aún considerando que la semana pasada había estado en lo mismo.

Las Salitreras de noche son tétricas, especialmente cuando uno se encuentra con una muñeca sentada en un sofá mirándonos fijamente. Las chicas no se sintieron cómodas tomando café ahí, así que seguimos a la salitrera siguiente, en donde si tomamos fotos (las que, obviamente, no están en mi cámara así que no puedo poner acá todavía).

La siguiente parada fue Calama, en donde hace más frío que la retutatutata de noche. Me congelé esperando usar el baño, y creo que uno sentía más frío porque no tenía la apariencia de hacerlo. De más que en el paso San Francisco o después en Jama hizo más frío, pero al ver nieve uno asume eso y no se siente tanto.

Pasamos al casino de Calama, el cual se veía sumamente chabacano y con pinta de cabaret por fuera, pero no entramos porque nos cobraban. Dado el traspié, nos fuimos directo a San Pedro de Atacama. Tratamos de dormir en el camino, en las paradas de camioneros, pero el sueño no acompañaba mucho y decidimos llegar al pueblo no más. Ah, ahí nos quedamos varados porque había mucha arena, pero con un pequeño empujoncito el auto salió solo. Estaba un poco cansado, nada más…

En San Pedro recorrimos a pie el pueblo, acompañados por distintos perros. Se veía bien bonito, es choro que hayan mantenido el estilo. Luego dimos una vuelta alrededor en auto y Carola mostró donde se supone que estaba el Valle de la Luna. De noche no se veía nada… Creo que hay que armar un paseo para allá exclusivamente, no sé si en auto, pero hay que ir en algún minuto. De repente armarme unas vacaciones completas al norte más adelante, por una semana, llegando a Iquique y Arica también. Claro que ya no sé ni cuando, me faltan días de vacaciones para todo lo que quiero hacer.

Después fuimos directamente a la Aduana, donde solo estaban dejando pasar camiones (los autos tenían que esperar hasta las 9), así que nos estacionamos en la cola y nos pusimos a dormir un par de horas. Cuando desperté a eso de las 8, noté que Carola estaba hecha un ovillo en el asiento del conductor, dudo que haya podido descansar (aunque haya dormido). El asiento del conductor es una mierda para dormir...

Resulta que (vaya, flashback a Papelucho) el paso Jama no estaba abierto como había dicho el tipo del otro paso el día anterior, pero el rumor era que lo iban a abrir a eso de las 10. Esperamos escuchando a un para de tipos tenían la música a todo chancho, con las puertas abiertas, y que bailaban al son de música tropical argentina. Eran claramente chilenos…

A eso de las 10:30 no dejaron avanzar, y luego de una travesía por un paso en buen estado pero con sectores con algo de hielo, llegamos a Argentina.



Me salto el trámite de la aduana, pero comento que mientras hacía fila escuché a un par de tipos conversando sobre lo bonita que era la Ruta 9 entre Jujuy y Salta, que era más corta pero más complicada que el camino oficial entre ambas ciudades (que era doble vía y sin cuesta), y en mi nuevo yo social metí la cuchara y pedí más datos, porque el viaje consistía en buscar cosas choras y bonitas, además que había una buena posibilidad que fuera la cuesta perdida de Carola, causal indirecta del destino del viaje.

La primera localidad pasada la Aduana Argentina (llamada Susques) era tal cual las salitreras, pero habitada por Argentinos que parecían bolivianos. Les llega a llover en ese “pueblo” y las casas se deshacen, probablemente. Después vino Purmamarca, más armadita y bonita, al parecer turística, pues estaba el cerro de los 7 colores, donde nos tomamos una foto (de nuevo, no con mi cámara) los 3. Hace muchos años Carola, la niña de los cerros, salió en un viaje en busca del cerro de los 7 colores por toda Argentina, para descubrir que estaba justo donde había comenzado el viaje. En todo caso aprendió mucho en el camino, y cambió la vida de las personas con las que se topó con sus ejemplos de… turismo.



Luego llegamos a Jujuy, donde recorrimos un poco y encontramos, aún no sé como, una casa de cambio abierta. También un cajero automático (lo que costó más, les digo, es ridículo) necesario para comprar algunos libros y un excelente mapa de Argentina que quedará para los siguientes viajes. El dueño de la librería, tremendamente simpático, nos confirmó lo de la Ruta 9 y que muy probablemente era la que Carola recordaba, y además nos regaló un mapa rutero extra de Argentina que ahora adorna la puerta de la pieza chica del depto. Nota mental: comprar hilo o lana para marcar los recorridos. Después pasamos al supermercado y compramos lo necesario para armarnos un “pequeño” picnic en el camino, que vino bastante bien para matar el hambre acumulada.

Antes de salir, volvimos a pedir ayuda para ir a la Ruta 9, y unos camioneros ultra buena onda trataron de disuadirnos de usar ese camino, que el otro era mucho mejor y más rápido, pero al final comprendieron que andábamos turisteando y en busca de esa cuesta, así que nos dieron las indicaciones. También nos pararon los pacos antes de llegar a la cuesta, creo que la única vez que nos pararon, y volvieron a insistir en que no era el mejor camino para hacer de noche, pero nos desearon suerte y nos dijeron que anduviéramos con cuidado, pues de noche salían animales silvestres.

Mientras avanzábamos nos comimos parte del cocaví, y finalmente llegamos al camino que buscábamos, y que resultó ser el mismo que Carola recordaba, claro que sin las mariposas volando por todos lados, y probablemente de día debe haberse visto mucho más choro. Sin embargo se alcanzaba a apreciar la belleza del lugar, una cuesta que por un lado tenía un desfiladero lleno de árboles, y uno no alcanzaba a ver de donde salían. Habían líanas colgando y todo, bien boscoso y selvático. A falta de mariposas nos acompañaron algunas polillas. Animales salvajes no encontramos ninguno, eso sí.



Después de la cuesta paramos a comer palmitos, y luego seguimos hasta Salta, donde fuimos a carretear a un pub-disco. Escuché música que probablemente no vuelva a escuchar en ningún otro lado, porque parecía de círculos super específicos. Algunas letras eran ridículas… Pero lo pasamos bien. El happy hour era hasta las 2:30, y como a las 2:15 empezó a llegar harta gente. Creo que nos quedamos como hasta las 4, 4:30. Ahí probé vino blanco con speed (la bebida energética) que me convidó una argentina, y no estaba mal.

Al salir decidimos continuar el viaje hacia Santiago del Estero, que no quedaba muy cerca, así que habría que manejar y no descansar, a pesar que nos estaba empezando a dar sueño. Igual íbamos bien equipados para eso. Pero antes, pasamos a lavar el auto. Sí, había lavado de autos abierto las 24 horas. Mientras esperábamos nos tomamos una sopa reponedora, y justo afuera del lavado se paró una cabra totalmente wasted al parecer esperando un taxi. Se subió y bajó como a 3, y se veía muy rara. Ni idea como llegó a ese estado, pero me llamó la atención porque parecía de 15 o menos y andaba sola. Supongo que salta será tranquilo…

Ok, el resto queda para el siguiente informativo.

jueves, julio 23, 2009

Viaje al norte de Argentina, Parte 1

En el que un viaje que casi se frustra se rearma por completo, se le agregan piezas, se improvisa, y se lucha contra la naturaleza para alcanzar el objetivo principal, no sin que los contratiempos acaben una vez comenzado el trayecto.


Miércoles 15, casi las 8 de la noche, preparando el bolso para partir. Ya no recuerdo por qué, pero se me ocurrió prender el computador mientras terminaba de meter la ropa y calentar el agua del termo, y me topo con la sorpresa de un mail de Sol diciendo que por razones de fuerza mayor no podrá ir. Mal, este viaje estaba pensado para más de 2 personas, por temas de costos. Le aviso a Carola, le pregunto si conoce gente que se pueda sumar, y le digo que me espere un rato, para ver si yo consigo a alguien.

Entro a MSN buscando gente, llamo a amigos que podrían estar dispuestos y disponibles, y finalmente aparece Constanza en MSN, y luego de conversar un rato, se anima a ir, así de la nada, recién avisada y partiendo “a penas esté lista” para Argentina. Excelente, porque ya me estaba empezando a tostar de no poder realizar el viaje que hace rato venía buscando.

La idea original era subir por Chile en la noche y cruzar en el paso San Francisco a la altura de Copiapo en la mañana, y de ahí seguir para arriba por Argentina hasta un parque natural en Jujuy, si alcanzábamos, y luego volver bajando hasta Mendoza. Sale más caro subir por Chile, pero de noche en invierno cierran el paso los Libertadores, y la idea era aprovechar al máximo el tiempo.

Para variar, y claramente no aprovechando al máximo el tiempo, me enredé a la salida de Santiago, me metí hacia Chicureo (que estaba indicado Ruta 5 Norte también, no tenía como saber que había otra sin peaje más allá) y además se me pasó la salida, así que nos tuvimos que dar la vuelta en la autopista, cosa que no está contemplado (imbéciles que no piensan en la gente distraída), y por suerte un par de amables funcionarios nos permitieron la maniobra, para furia de la gente de otro auto que parece que habían tenido un problema similar y tuvieron que pagar el peaje para darse la vuelta. Se bajaron de su auto y nos miraron con ira, poniendo sus puños en las caderas en clásica actitud de negra altiva, pero ni pescamos. Probablemente se quedaron alegando por ahí, igual dio lata por el pobre que nos dejó pasar y que probablemente se comió el enojo del otro auto.

Ya en carretera, seguimos camino sin mayores contratiempos, dándome cuenta que estaba en minoría en ciertas cosas, partiendo por el hecho que no iba con una persona que le tenía miedo a los túneles, sino que con 2. En otro ataque de distracción, pasé derechito por un tunel camino a Los Vilos cuando podría haber tomado la cuesta para que Carola y Constanza no se complicaran, y de paso ahorrar algunas lucas de peaje. Será para la otra… De ahí en adelante las chicas durmieron mientras yo manejaba.




Tipo 5 ó 6 llegamos a La Serena y pasamos al Casino. Yo perdé 3 lucas, y Carola ganó como 10, gracias a la práctica y “clases” que había recibido la semana anterior, cuando también pasó por el casino de ida y vuelta de su viaje al norte.

Saliendo cambiamos de puesto, Carola al volante y yo atrás para dormir, tratando de emular la posición que ella había tenido antes y parecía haberle dado tan buen resultado. No sé si requería alguna técnica especial, medir menos de 1,60 o mucha costumbre para dormir en autos, pero no logré descansar mucho. En el futuro dormí en el asiento delantero y con algo para apoyar la cabeza, mientras que Carola terminó sacándole el jugo al trasero usándolo en toda su extensión cual cama. Constanza se turnó entre el del copiloto y el de atrás, sin tener al parecer nunca problemas para dormir.




Como a las 11, creo, estábamos en Copiapó y llegando al camino que nos llevaba al paso fronterizo (donde, de paso y con ayuda de Carola, aprendí a sacarle el jugo a Google Maps, pidiendo que diera indicaciones de cómo llegar). Al lado del camino había algo que no teníamos claro si era nieve o sal, pues se veía muy fina. Paramos para ir a ver, y efectivamente era nieve, pero totalmente distinta a la que había visto otras veces en los complejos. Esta nieve parecía de televisión, “falsa”, perfecta. Era suave y delgada, caía dócilmente y se dejaba llevar por el viento como espuma, no pegándose así misma como hielo picado. La nieve ahí demostraba que aunque no lo notábamos, estábamos bastante alto. Ese paso es el de mayor altura entre Chile y Argentina, a 4700 metros de altura, app.




Cambiamos de puesto nuevamente (siendo mi auto y habiendo manejado por el camino antes, Carola prefería que lo hiciera yo por si llegaba a pasarle cualquier cosa, pues en sus palabras no era un camino fácil y tenía harta piedra suelta) y comenzamos el camino, y poco a poco fuimos notando más nieve. Mi papá me había comentado que había habido un “temporal” a principios de semana y que podría estar cerrado el paso, pero yo había visto que para los días que ibamos a estar habría buen tiempo. Como en los libertadores con un buen día de sol despejan el camino, no iba demasiado preocupado, pero a medida que avanzamos por la ruta que lleva a la aduana, empezamos a cuestionarnos seriamente si el paso estaría abierto. Había harta nieve y barro, nos topamos con un auto que se estaba dando la vuelta (y que a penas pasó al lado nuestro) que hizo que nos quedáramos pegados pues se le ocurrió devolverse al lado de un lodazal, y luego con un camión que demarcaba camino y estaba poniendo cadenas. Preguntamos como estaba, y nos dijeron que no muy bueno, pero que si pasábamos del Caballo Muerto (o Potro, o Perro, no recuerdo bien) a unos 6 kilómetros estaríamos OK. El camino se complicó, derrapé un par de veces pero aprendí a controlarlo y a manejar en nieve, bien enseñado por Carola la copiloto. No nos quedamos pegados en ningún momento, aunque amenazas hubo. Hartos kilómetros más allá de lo esperado vimos el cartel del Caballo Muerto, diciéndonos que en teoría ya había pasado lo peor. Perfecto, ya prácticamente estábamos en Argentina. Un tiempo más de curvas y cuestas barrosas y nevadas (precioso paisaje, por cierto, que Carola comentó que estaba todo seco y gris hace no más de 5 días) nos llevó a una explanada donde al fondo podía verse la Aduana. Entre ella y nosotros, un enorme montón de nieve blanda con un par de huellas de camionetas altas que la habían recorrido sin problemas con su doble tracción, cosa que nosotros no teníamos. Pero ya estábamos arriba, al lado, en nuestra meta comentando de las hazaña de subir la cuesta, y de lo penca que fue que no hayamos podido grabar alguna de las derrapadas del camino, así que seguimos no más, cuidando pasar por donde mismo estaban las huellas, Carola grabando la llegada…y la enorme derrapada que pegamos en el camino y los gritos de alarma cuando casi se fue el auto, además del regocijo cuando pasamos el banco de nieve (ahora más bajito gracias a que lo aplanamos) con el Capitán Kirk (que demás está decir que se comportó todo el viaje a la altura de las circunstancias).

Así que ahí estábamos, en la aduana, nadie más así que un trámite rápido para seguir al otro lado, de paso ir a ver la Laguna Verde que queda casi al lado de la frontera (la aduana chilena está a unos 100 Kms de la frontera) y cruzar por el parque nacional nevado tres cruces. Todo eso si tan solo el carabinero solitario no nos hubiese dicho, sin ningún tipo de emoción en su rostro, que el paso a Argentina estaba cerrado y que no podíamos segur más allá.

lunes, junio 29, 2009

Y sin embargo se mueve

Ese no era el plan original. Hace dos semanas Rodolfo había propuesto salir a recorrer entre todos, aprovechando el fin de semana largo, pero los demás no parecían interesados. Sí prendieron con la idea de arrendar una cabaña por dos días y disfrutar ese tiempo juntos, haciendo asados, conversando, jugando, dando jugo. A Rodolfo también le pareció una buena idea, y además pensó que podría recorrer los lugares cercanos en los tiempos muertos, y usar el último día, el Lunes, para ir a donde le faltara, y visitar la casa de Neruda en Isla Negra.
Pasó una semana sin novedades, y Rodolfo empezó a mover los hilos a falta de otra persona que lo hiciera. Las mejores ofertas ya habían pasado, siendo fin de semana largo fueron tomadas rápidamente, pero siendo miércoles logró conseguir un buen lugar a un precio adecuado. Llamó al resto, pero los ánimos parecían haber disminuido. Para el viernes en la mañana, y por distintas razones, ya era claro que el plan original no se llevaría a cabo.
Viernes, 5:30 de la tarde, tiempo de nuevos planes. O de disfrutar sin plan alguno. Rodolfo llega a su casa, decide terminar de ver la película que había comenzado hace ya una semana, Érase una vez en el Oeste. Peliculón, con tremendas actuaciones, piensa. Lástima que el director sólo hiciese 6 películas, sin embargo es lo suficiente como para dedicarle un podcast pronto.
20:30, buena hora para ver si tendrá algo más que hacer en la noche, o ponerse a pensar en la próxima película para cuando acabe la de Leone. Toma el teléfono, revisa su correo en busca de un número. “Sé que lo vi en un mail” piensa mientras salta de un mensaje a otro. Finalmente lo encuentra, y marca. “¿Hablo con Coté Santana, la escultora?”. Al otro lado de la línea parecen no escuchar, o no comprender. Finalmente el entendimiento llega, y quedan de ir a tomar algo. Así, con una gran noche de viernes, comienza otra buen fin de semana. Había un tema en común, un motivo que justificaba el encuentro, sin embargo prácticamente no se toca, salvo por un parecido producto de la oscuridad y la mala memoria. Un par de cervezas, un par de historias, un par de viajes y un par de obras, para finalmente quedar de conversar pronto, y de ir a tomar vino navegado en otra ocasión.
Sábado, un llamado despierta a Rodolfo. Es su hermana, quién está medio enferma, y le solicita, si puede, llevar a su sobrina a fútbol. Rodolfo mira la hora, y se disculpa. No alcanzaría a hacerlo, pues pretende salir relativamente temprano al litoral central, para aprovechar el día. En la noche se enteraría que su hermana había empeorado, y que sus padres habrían de viajar de Viña a Santiago para cuidarla.
No muchos minutos más tarde, llama Marisa, quién había manifestado intención de participar del paseo. Malas noticias, hubo un problema con su madre, y Marisa no sabe si podrá ir. Quedan de conversar hacia las 2. Rodolfo se levanta y prepara su maleta pensando un viaje de una persona: libros, notebook cargado con películas, series y comics, un mapa estelar por si el cielo está despejado y un par de cosillas más. “Un nuevo viaje solo no andaría mal para ordenar algunas cosas” cavila mientras hace su maleta, y no puede evitar lamentar no disponer en ese momento del bolso del tamaño adecuado para un viaje tan corto, por tenerlo prestado. Recuerda los comentarios de un par de amigos que le indican que lo de por perdido y lo olvide, pero sigue encontrando ese pensamiento poco racional, además que la necesidad de querer creer en la honestidad intrínseca de las personas le impide simplemente dejarlo estar. A veces, esa honestidad intrínseca requiere un empujoncito.
Luego de almorzar, toma su teléfono para llamar a Marisa. No alcanza a marcar, cuando éste suena. Es ella, quien avisa que podrá ir, pero un poco más tarde. Rodolfo accede, a pesar de no molestarle un viaje solo, piensa que puede disfrutar más uno acompañado. A las 5 en punto están partiendo con primer destino Quintay. “Podría haber llevado a mi sobrina al futbol”, piensa mientras maneja.
Cuando llegaron a Quintay, había un viento increíble, síntoma de probable temporal, lo que los locales confirmaron. Tomaron un café en un lugar cercano a la playa mientras Rodolfo revisaba un mapa que le facilitó la dueña del lugar. La lluvia comenzó en ese momento. Antes de irse, Rodolfo trató infructuosamente de comprar el mapa a la dueña, pues en una sola guía estaba Chile y Argentina.
No habían pasado ni 5 minutos en el auto cuando la lluvia comenzó a caer realmente fuerte, amenazando con que el cielo caería sobre sus cabezas. El viendo no amainaba, y desde el auto, Rodolfo sentía como el saber que era un punto de fuga le ayudaba a explicar la percepción de cómo se veía en ese minuto venir la lluvia hacia ellos. Desde ese minuto, la lluvia se convertiría en el tercer compañero de viaje.
Luego de Quintay, con lluvia y oscuridad total, partieron a Algarrobo, balneario que parecía robarle mucho a Reñaca. Después de preguntar en diversos lados, optaron por quedarse en una cabaña a las afueras del pueblo, la que estaba junto a un pub inaugurado hace muy poco, lo que les daba algo fácil para hacer en la noche de lluvia.
En el bar había una ecléctica banda de Blues, con un anciano gringo de vocalista y guitarrista principal, un ciego en el bajo, un baterista que parecía ex militar, y un par personajes más. La banda era, increíblemente, muy buena. Mientras escuchaban cada uno tomó una copa de vino, lo que llevó a que Marisa terminara ebria y hablando a un volumen mayor al socialmente aceptable. En uno de los interludios de la banda, el anciano pasó cerca de los viajeros, lanzando un casual “Having fun?”. Rodolfo respondió con un sencillo “Yeah”, a lo que el cantante replicó “Oh, you speak english”, lo que derivó en una conversación en la que se enteraron que él era de Louisiana, que había trabajado como taxista en New York, que había llegado a Chile por un compañero que trabajaba para Jaques Custeau y que se había casado con una gitana chilena porque hablaba su mismo idioma, entre otras cosas, mientras Rodolfo se sorprendía de cómo con un simple “Yeah” el viejo hubiese rápidamente sacado la conclusión de que él hablaba inglés.
Al día siguiente recorrieron Algarrobo a pie, escapando rápidamente al auto cuando la lluvia comenzó a caer. De ahí siguieron a Quintay, hermoso pueblo con muy bonitas playas, y la lluvia hizo una pausa para que pudieran bajarse, tomar algunas fotos y disfrutar el paisaje. Luego vino Punta de Tralca, lugar plagado de letreros con extraños mensajes, cortesía de la primera junta de vecinos.
Isla Negra fue la siguiente parada, donde estaba el único punto de visita obligatoria en el itinerario de Rodolfo, la casa del poeta. No bien entraron aun restaurante a comer, la lluvia arreció nuevamente. El lugar elegido para comer era más que solo un restaurante, parecía casi un club social, donde los habituales podían sentarse a conversar con los dueños mientras tomaban un coñac. La vista, además, era increíble. Mientras almorzaban, cavilaban que la mayor fuente de ingresos de esa localidad debían ser los estacionamientos y restaurantes.
Habiendo terminado de comer, se dirigieron a la casa de Neruda, para lo cual el tercer compañero de viaje interrumpió su diluvio, el cual continuó e intensificó no bien los viajeros habían llegado al resguardo del museo. Los turistas que ahí estaban se mostraban sorprendidos y atemorizados por lo fuerte de la lluvia, pero Rodolfo no se preocupaba demasiado, sabía que pararía a tiempo, y así fue, pues para cuando tenían que recorrer la casa por fuera, ni rastros había de la lluvia.
Volvieron al auto, y una vez en camino comenzó nuevamente a llover. Entraron por un camino no muy bien indicado en el mapa a la Laguna el Peral, en donde se quedaron más tiempo del esperado, pues entre la lluvia y la oscuridad no lograban encontrar la salida. Una vez en la carretera, se dirigieron a Cartagena, con Marisa comentando que estaba bien que existiera un lugar así, “para que los rotos puedan veranear, y mejor todos juntos en un lugar que dispersos”. En este lugar no costaría encontrar lugar donde dormir, pues está lleno de hoteles y residenciales, y de hecho se quedaron en el primer lugar que encontraron, el cual costaba la mitad del de Algarrobo, y era del mismo nivel, y con vista al mar. Luego de dejar sus cosas en la habitación y el auto a resguardo, salieron a caminar por el borde costero, aprovechando que la lluvia había cedido nuevamente un espacio, y Rodolfo aprovechó de comer unas papas fritas a precio de Cartagena, pese al temor de Marisa del dolor de estómago que podrían producir.
De vuelta en la habitación, vieron una película en el notebook, y se acostaron para estar prestos al día siguiente.
El día Lunes se dirigieron a San Antonio, Lloleo y Santo Domingo, para luego llegar almorzar a Pomaire, donde cada uno compró una planta y Rodolfo encontró un par de compañeros de universidad.
De vuelta en su casa, Rodolfo vio “Se Arrienda”, de Alberto Fuguet, en preparación para el último día de “Desde el Plató”, que se desarrollará el martes. A pesar de no encontrarla una gran película, la disfrutó, y sintió que al menos mejoraba mientras avanzaba. Sí notó que los diálogos sonaban forzados, que algunos actores no daban la talla (o el papel) y que era todo bastante cliché y lugar común. Aprovechó también de escribir del viaje y subir las fotos para mostrarlas a los amigos, y pensó que quizás podría grabar un podcast antes de acostarse, pero mientras escribía notaba que no tenía el ánimo suficiente, y que sería mejor hacerse un minuto al día siguiente antes de acostarse.
Mientras terminaba de escribir, conversaba con algunos amigos por MSN, y pensaba que, a pesar de no haber seguido el plan original, había sido un gran fin de semana.

Fotos del Litoral Central

lunes, junio 22, 2009

Día de un fin de semana agitado

Este fue un buen fin de semana, creo. Incluso las cosas que no parecían salir tan bien, terminaron saliendo bien.

El viernes fui a ver a Momix, por tercera vez. Una costumbre que adquirí de Lili que me enseñó a disfrutarlo de cerquita (y que hoy me enteré no podrá ir a verlo, lo que me da harta lata porque sé que a ella le va a doler bastante. Pero bueno, como había comentado a algunos, no están los tiempos para poder invitar personas extras a esos precios, no este mes al menos), y que me alegro de mantener yo y de asimilarla como propia y no dependiente de con quién esté o no esté. La próxima vez, quién sabe, expandiré yo la tradición invitando a alguien más. El espectáculo estuvo genial, increíble, asombroso, sorprendente, inenarrable, indescriptible. No sé cual de los que he visto me ha gustado más, pero sé que todos los he disfrutado muchísimo. Lamentablemente me tocó un cabezón que se movía mucho adelante, así que no logré simplemente quedarme en una posición cómoda todo el rato. Nuevamente lo que más me gustó fue el segmento en el que están a oscuras con algunas partes del cuerpo fluorescentes, las que van cubriendo y descubriendo para formar distintas figuras. Si pueden, traten de buscar aún alguna entrada para esta semana. No va a ser fácil, en todo caso, está bastante vendido…

El sábado teníamos un asado, que resultó tener poca convocatoria. Sin embargo, lo pasé bien y aprendí un juego de cartas nuevo, llamado Bezique o algo así. Al día siguiente aprendería que a Sol 2 le gustan los juegos de cartas tradicionales, así que quizás hasta pueda volver a jugarlo luego para que no se me olvide. El asado terminó temprano por problemas personales y fortuitos del anfitrión, así que me fui al depto. Estaba cansado, y pensé echarme a dormir, pero en vez de eso me puse a ver una película, Once Upon a Time in America. Es larguísima, casi 4 horas, y sólo alcancé a ver 1, porque me llamaron para juntarnos a hacer algo. Fueron varias personas a mi casa, conversamos, comimos unos sandwichs que son un gran descubrimiento considerando que el Dominó no reparte hasta mi casa, y jugamos Sticheln. Todo mientras por teléfono organizaba el paseo del día siguiente.

El domingo me levanté un poco más tarde que lo que había pensado (la idea era salir a las 10), ya que Sol 2 había sutilmente mandado un mensaje de texto solicitando que partiéramos un poco más tarde, porque se había quedado hasta altas horas de la madrugada carreteando. Al final, para variar, partimos como a las 11:30, creo, aunque no me molestó dormir un rato más.

Originalmente había pensado durante la semana ir a la Quebrada de Macul, pero con la lluvia se me ocurrió que debería ser un barrial, mientras que quizás teníamos la oportunidad de ir a la nieve a Lagunillas y pasarlo mejor. Además, Sol 2 no conocía la nieve, así que para allá partimos. Paramos a dar una vuelta en la plaza de San José de Maipo, compramos algunas mermeladas y chocolates, y continuamos. Precavidamente le pregunté a un carabinero si podíamos subir así no más, y me dijo que se requería llevar cadenas (y colocarlas si era necesario), pero que desde el kilómetro 16 solo estaban dejando pasar vehículos 4x4. Bummer. Sin embargo, dijo que había nieve desde el kilómetro 14, así que partimos igual. Arrendamos cadenas (muy caras), y a los 200 metros nos pararon unos carabineros y nos informaron que ya no estaban dejando subir, que era todo de bajada. Normalmente el horario hacia arriba es hasta las 2, pero ahora “por una orden superior” lo habían cortado antes (era como la 1). So, de vuelta, entregué las cadenas y me devolvieron la plata.

Decidimos seguir andando, y ver en el camino para donde íbamos, si al embalse el yeso nuevamente (pero ahora probablemente nevado) o si seguíamos por el camino el volcán hacia las caídas de agua que Carola me mostró la primera vez que fui al cajón. Pasado San Gabriel, la última localidad de por ahí y donde se acaba el camino pavimentado, notamos que ya había nieve por los bordes del camino, aunque no mucha. Decidimos subir entonces hacia el embalse, que era más probable que tuviera más nieve. Efectivamente, todo el camino estaba nevado! Tanto así, que pronto se hizo evidente que no podríamos subir hasta arriba sin cadenas, ya que el camino estaba bastante barroso y resbaloso. Es más, le pregunté a unas cabras que venían de vuelta como estaba el camino hacia delante, y dijeron que no se podía seguir, que había dos posas de profundidad indeterminada a 500 metros. Escépticamente, seguimos y a 300 metros nos topamos con un par de pozas… que cruzamos sin ningún problema y seguimos adelante. Cuando ya el camino se complicaba realmente (y había piedras enormes que habían caído al camino), llegamos a una gran explanada donde había hartos autos estacionados y mucha nieve! Así que ahí mismo nos quedamos, recorrimos, comimos nieve, tomamos café y Sol 2 hizo angelitos. Lamentablemente se me olvidó llevar mi cámara, así que tengo que esperar a que Sol 2 me pase sus fotos para subirlas.

El paisaje se veía maravilloso, nada que ver al verano. El blanco en las montañas y el verde en el piso era intenso, y no se comparaba con los cafés y amarillos del verano y otoño (aunque también eran muy bonitos a su modo).

A la vuelta recogimos a dos suizas que estaban haciendo dedo, una de las cuales quizás sea futura alojada de Sol (si el ser amable trae frutos inesperados). Comentario aparte, la otro suiza era sumamente bonita, o al menos de mi tipo de gusto en mujeres (físicamente hablando). Pasamos a comer empanadas y a comprar nueces y otras cosillas, para terminar tipo 6:30 en mi casa.

No había alcanzado a llegar cuando Constanza me estaba llamando para ponernos de acuerdo para ir a ver a The Beats. A las 7:30 estábamos sentados en una re buena ubicación, calentitos, esperando el inicio de la función. No sé si puedo comentar mucho, estuvo genial, increíble, tocaron muchas canciones y les faltaron muchas más, los tipos sonaban casi igual y hacían todo el show con cambio de ropa y moviéndose por diferentes periodos. Eché de menos hartas canciones, pero era imposible que eso no pasara. Volvieron como 3 veces, fueron re simpáticos, canté casi todas las canciones y en vivo suenan increíbles. Creo que de la noche lo que más me gustó fue While my guitar gently weeps con un tremendo solo de guitarra.





Hablando de buenos solos, aunque nada que ver, cuando íbamos a ir al Cosquin Rock Carola me pasó un par de buenos discos de Deep Purple, incluyendo uno en vivo en el Olympia. Yo conocía a Deep Purple, pero sin llegar a identificarlo realmente, y me agradaba como me agrada casi cualquier cosa, así que la idea era conocer un poco más las canciones, para poder cantarlas o disfrutarlas mejor. Al final no fuimos, pero me quedé con la música, y ahora estoy escuchando de hecho a Deep Purple, que me gustó caleta, especialmente la canción “Sometimes I feel like screaming”. Parece que no es una de las top de ellos, pero me agrada mucho, especialmente por la guitarra, y porque tiene un bonito título.



Para terminar, hoy es el día más corto del año. Lo que algunos considerarían algo penca, para mí es todo lo contrario. De aquí en adelante todos los días serán progresivamente más largos! This is rock bottom for this year! Esto es justo lo que estaba faltando para que las cosas tomen su cause y empiecen a salir tal y como deben. Aún hay ciertas cositas que siento que debo arreglar por ahí para sentirme satisfecho, pero pienso que todo va a ir muy bien de ahora en adelante, pues tengo más tiempo cada día, y más sol que me de energías! Además recibí hoy, entre algunas noticias no tan buenas, una que me parece que es excelente, o tiene al menos un potencial enorme para mí, en mis evaluaciones preliminares. Siento pues, que hoy debería estar contento. A celebrar por el pasado muerto, por el presente que se está tejiendo, y por el futuro que, de acuerdo a mis cartas, viene en pareja.